Lo que sigue, es el resultado de una serie de reflexiones que, con un ánimo exploratorio, hice acerca del Abuso de Poder. Un fenomeno que nos ha agobiado, tanto en los tiempos oscuros de la dictadura (obvio, ellos ERAN abuso defacto); como en la democracia (que no es sino un “esquema administrativo”, con el cual somos gobernados); reflexionando lo invito a hacer lo mismo basado en la idea de que, la conciencia nos hace responsables,  no solo de nuestras acciones sino de sus consecuencias.

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

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El hijo bastardo y el padre negligente…

¿Que es el abuso de poder? que lo define ¿el abuso o el poder?, donde existe (o se constituye) el abuso de poder; como y cuando se abusa del poder.
Estas preguntas intentan acercarnos a un fenómeno social, que a pesar de ser conocido, no ha sido muy estudiado, pero sí muy combatido, en prácticamente todas las esferas de lo social. Presentándose como esa inevitable falencia existente en casi todas las organizaciones humanas; el abuso de poder, aparece casi como aquella desviación o debilidad del carácter, y que es inherente a todos los seres humanos del planeta, que hace que una persona: se exceda, se extralimite, vaya más allá; en suma, que “ejerza su poder” fuera de los limites que le han sido señalados para ello. Y esta es, tal vez, la clave en la que deberemos centrar nuestros esfuerzos.

Entonces, la primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Es el abuso inherente al hombre que ocupa una posición determinada en una estructura específica; o es una faceta determinada de esa posición? Es decir, es el hombre el que “es corrupto por naturaleza” o es “la naturaleza misma de las cosas, la que corrompe al hombre”. Eso porque normalmente se asume que este es un tema de corrupción; ya que ese poder ejercido, esta directamente ligado a una ética y una moral específicas, que lo determinan. Esto es definido como el uso “legitimo” del poder; concepto que debería “en teoría” zanjar todo tipo de divergencias, respecto de su uso y correcto ejercicio.

El abuso de poder ha estado señalado desde siempre como una falta a la ética, a la probidad (cuando se da el caso) o al menos a una debilidad moral de parte de la persona que ejerce dicho abuso. Cada vez que un individuo, hace uso del poder que detenta, ya sea para beneficiarse así mismo o para beneficiar a otros de ese ejercicio, se le acusa de abuso de poder; ocurre en todos los niveles, en todos los estratos; atraviesa transversalmente a una sociedad, que evidencia la utilización de “este recurso”, como medio de alcanzar ciertos objetivos, que están instalados en aquellos “espacios poco claros” de la ética social.

El abuso de poder es desde esta perspectiva, casi siempre la acción inmoral de “un individuo” que, faltando a las normas que regulan y determinan el ejercicio de las funciones propias de su cargo; ha hecho un USO ILEGÍTIMO del poder que le fue otorgado. Es así por ejemplo, que un presidente, en “el legal ejercicio” de sus prerrogativas como tal, ordena la compra de un avión presidencial, ultimo modelo, al cual le instala perillas de oro macizo en su baño privado, sabana de seda en el camarote, etc., etc. El abuso del poder otorgado, no rompe la norma, abusa de ella, revelando la debilidad que es propia de ésta.

Entonces, ¿de que se trata esto?, en suma: de explorar el fenómeno del abuso de poder. De hacer un cierto mapa descriptivo; conocer el fenómeno, además de poder determinar o establecer procesos por medio de los cuales se abusa del poder, observando la relación “causa – efecto” propias de estos fenómenos.
Reflexionando quisimos determinar las constantes dentro de las variables, en el caso de que las hubiere, señalando aquellos factores, situaciones, o procedimientos que se revelaran como recurrentes en casos indistintos. De manera de determinar, si la hubiere, una cierta “conducta fenomenológica del abuso” Establecer un esquema tentativo del abuso.

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Es decir, establecer un cierto modelo que señale de forma tentativa “El esquema de comportamiento” del abuso de poder como fenómeno social. Entonces:

“¿Es el abuso, un problema de poder?”

Considerando que el abuso de poder es, en realidad, el abuso de la norma que regula el poder; uno podría comenzar el análisis, determinando los componentes involucrados en el fenómeno que nos ocupa:

En una primera instancia, nos encontramos con tres elementos básicos, que son absolutamente imprescindibles para la ocurrencia del abuso de poder; uno, El Poder, en tanto sujeto basal y definitivo de la ecuación que intentamos despejar; concepto poderoso, que describiremos brevemente mas adelante, aparece como la energía que moviliza, da vida y sentido a todo el proceso social (estructurado) emprendido por el hombre; dos, La Norma a la que nos referiremos también mas adelante, que regula y administra la vida del hombre en sociedad, definiendo los limites del ejercicio humano; y tres, El Ejercicio, en tanto ejercicio de poder; que es administrado a través de la norma y ejecutado por medio de una posición que nos permite acceder a ese poder.

Entonces, si continuamos el análisis; la sintaxis nos dice que tenemos, o podemos suponer que tenemos, “el sujeto, verbo y complemento” de este Fenómeno.

Ahora bien, es claro que, si bien el poder y su ejercicio, son (o pueden ser) dos caras de la misma moneda; por cuanto el poder “ES” su ejercicio; ambos elementos necesitan de un espacio en el cual ejecutarse o en el que puedan realizarse, de manera que se agrega otro elemento a nuestra ecuación: La posición (de poder).

La posición es, o vendría siendo; el medio (ambiente) en el que es ejercido el poder; ingresando de esta manera a la ecuación, como coordenada de las acciones ejercidas desde un poder (normado). A estas alturas el esquema se ha modificado incluyendo un elemento nuevo, con el cual se completan los elementos básicos que integran el cuadro en el que se da el abuso de poder.

En función de esta esquematización; se pueden establecer ya algunas cosas; primero, que el poder esta asociado a una posición, esto quiere decir, que esta asociado a una ubicación, ya sea dentro de una estructura, jerarquía, o dispuesto por una segmentación, que administra poder; que la posición es regulada por la norma, que a su vez esta fundada por la ética; la posición normativa (o posición regulada) administra una determinada “cuota de poder” señalada por la norma; no obstante ello, el poder es siempre una potencia (existe para ser ejercido.. podría decirse) que conduce necesariamente a su ejercicio, por lo tanto la relación entre el ejercicio y la norma que lo regula tiene, ética mediante, una cierta tensión que delimita su movilidad dentro de la estructura que soporta la posición; cualquier falencia existente en la ecuación posibilita al poder de ser ejercido, más allá de la norma.

Ahora, teniendo en cuenta estos cuatro elementos básicos, que existen como constantes en prácticamente todos los casos que pueden estudiarse, podemos aventurar con alguna certeza, que son las primeras constantes encontradas dentro de las variables inherentes al fenómeno del abuso de poder.

Existen también por supuesto, otros elementos asociados a este esquema, y que, si bien cumplen una función estratégica, no son incluidos en este esquema. Esto se debe a que; si bien la relación que poseen con el fenómeno es muy estrecha, es también indirecta; este es el caso de la fundación ético-moral de la norma. La norma es, como ya hemos mencionado antes, elemento indispensable a la hora de hablar del abuso de poder, sin embargo “a su vez” es imposible hablar de la norma, sin hablar de la ética que la funda, y la moral que debe sostenerla, es así entonces que, a pesar de ser un tema que incluiremos en este trabajo, no es incluido en el esquema precedente.

En este caso se puede ejemplificar la cadena de causa y efecto, a través de la cual “sucede” el fenómeno, esto es: la ética genera La norma, que regula la posición, que a su vez administra un poder, que en su ejercicio produce el abuso. Este es “el encadenamiento lógico de procesos”, que nos deja como resultado un esquema específico.

Lo anterior queda expresado de la siguiente manera:

Ética (que gesta) > norma (regula) > posición (administra) > poder (ejercicio) > abuso

En consecuencia, tenemos una cierta “dinámica de procesos”, y un esquema tentativo en el cual se realiza. Completando así la primera parte del análisis. Esto por supuesto esta ligado a temas de legitimidad y ejercicio moral que están asociados a la idea de esta investigación

Cabe señalar también que: “La comprensión del abuso de poder por parte de la opinión pública nos interpela, ya que nuestra comprensión del mismo, se refiere a la experiencia de daños (físicos, mentales, emocionales, financieros) que implica el menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones que no llegan a constituir violaciones del derecho penal (N.U.)”. Por todo lo anterior, y tomando en cuenta las argumentaciones exhibidas; podemos decir que la clave del abuso de poder es, como se señalaba; el menoscabo sustancial como consecuencia de acciones que no llegan a constituir violaciones del derecho penal.

No obstante cuando un sujeto, en el ejercicio de esa facultad delegada por la estructura; hace uso de ese poder, fuera de la regulación establecida por la norma, se hace posible el abuso, por cuanto el abuso no es una acción ilegal, pero sí ilegitima (en tanto este fuera del alcance de la norma), ahí se produce o posibilita el abuso.

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El Poder

En una primera instancia lo que se pretende en este capitulo es “dibujar” una idea de poder, que nos permita aproximarnos al concepto sin vernos obligadas a abarcar su dimensión total.
Empezando por una coordenada lingüística:
“Poder:

(Del lat. *potēre, formado según potes, etc.).

1. tr. Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.
2. tr. Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo. U. m. con neg.
3. tr. coloq. Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo. Puedo A Roberto.
4. intr. Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle. En la discusión me puede. U. t. en sent. fig. Me pueden sus impertinencias.
5. intr. Ser contingente o posible que suceda algo.”

Teniendo en mente esta coordenada de inicio, vamos agregar algunas cosas más para delinear el concepto de poder. El poder es, en suma, acción y movimiento; por tener carácter de verbo, solo se constituye en su ejercicio; esto es, porque el poder puro, es pura potencia. El secreto de esto es que el poder, en tanto potencia, no tiene, por definición, limitante alguna, el poder existe por sí y para sí, en la expresión de su máximo ejercicio, pero dentro de la esfera de su existencia. El poder es expansivo hasta el límite de la esfera que lo funda como tal.

Esto significa que el poder, ante todo SE EJERCE; y por ende, suele estar más relacionado a la acción social colectiva o también se entenderse, como la capacidad para cambiar la realidad. De acuerdo con ello, el poder entendido como su ejercicio, es su propio justificante y no aceptaría determinación alguna, por cuanto el poder que se ve limitado, dejaría de existir como tal. Entonces, el ejercicio del poder delegado en un individuo por medio de una estructura (investidura), se ejerce desde la posición (de poder) que “lo ubica” en la estructura que lo ha investido; ese poder tiene un ejercicio; llamado ejercicio legítimo; porque esta determinado por la norma ética que lo regula, y la moral individual que soporta la norma. El poder entonces “ha sido concebido”, con una esfera máxima de expansión. Pero dentro de esa esfera, el poder tiende a ejercer su máximo desempeño, Ahora, el poder que le ha sido conferido por la estructura (el estado por ejemplo), no es sino, ejercicio de un poder que, en realidad, es detentado por la estructura de poder. Entonces, se habla solo de ejercicio no de posesión.

El poder por tanto puede ser ejercido, pero no poseído y en tanto su ejercicio sea “legítimo”; puede hacerse discrecionalmente; esto porque “suponemos”, que la idea de “ejercicio legítimo” del poder, es o será superior a “la necesidad” de desarrollarlo en su máxima exponencialidad. En suma porque “suponemos” que seremos ejecutores morales y éticos de la fuerza de ese poder. Entonces tenemos:

La Norma

Entendida como las reglas o leyes, dentro de cualquier grupo u organización, cuyo fin sea regular el ejercicio de los cargos de dicho grupo u organización. Entonces, como ya hemos señalado antes, la norma regula el ejercicio, pero no lo define; y esto es porque la norma, por definición, es imperfecta y genera, un control y una regulación limitados frente a la potencia de un poder que busca su realización por todo medio posible. ¿Qué queremos decir con esto? Que la norma NO PUEDE regularlo todo, y que El Poder, siempre estará sirviéndose de las debilidades de ésta, para realizarse a una escala mayor; esto se debe a que la norma es rígida e inmóvil (no inmutable), en tanto que las relaciones y el ejercicio humano es, siempre y en todo momento, cambio permanente y dialéctico.

Entonces, ¿si la norma no puede regularlo todo Como podemos saber “hasta donde” debe ser ejercido (o realizado) El Poder?, es decir, de que modo entonces determinamos el limite de su ejercicio. La respuesta a esto podría estar regresando al origen de la norma que regula, en tanto que dicha regulación tiene un origen ético-moral (ética que funda la norma reguladora y moral que soporta el vigor de la regulación). Esto revelaría el punto que nos ayudaría con la pregunta inicial de este párrafo, si la norma no lo regula todo, como regulamos lo que la norma no pueda, en una primera instancia se deberá decir que no se puede, por las razones expuestas anterior mente, pero en un asegunda instancia; existe un medio por medio del cual “se trazaría una línea en la arena”, el recurso de la legitimidad del ejercicio, ya lo habíamos mencionado antes, ahora aclararemos un poco más. El ejercicio del poder, es un ejercicio natural, que busca la máxima exponencialidad del mismo, su máxima realización. Entonces, el hombre define desde la ética, “el justo y correcto” ejercicio del poder; es decir, su legítimo ejercicio.

La legitimidad del ejercicio no dice relación con la legalidad del mismo; que es imperio de la norma (detenta la legalidad o no, de la conducta o de su ejercicio); sino con lo coherente y concordante que este ejercicio es, respecto de la ética a la que adscribimos como sociedad.

Esto es porque un ejercicio, pudiendo ser ilegítimo, no necesariamente es ilegal; esto que puede parecer un contra sentido, no es tal; por cuanto, la norma (o la ley); funcionan, en tanto consideren la conducta, es decir, como se dice en leyes: La Ley, obliga, permite o prohíbe, nada más; En ese sentido, todo aquello que no este especificado en la norma, es posibilidad de ejercicio. En esta perspectiva, la ley no hace juicios de conductas que son siempre, variables y dialécticas. La ley (o la norma) solo cautelan la letra de la ley (o de la norma).

En ese sentido, en términos de legitimidad, lo que la norma obliga, es todo aquel poder cuyo ejercicio es “necesario y justo”; lo que la norma permite, es todo aquel cuyo ejercicio puede ser discrecional siendo considerado también “justo” (más no necesario), y todo aquello que la norma prohíbe, es todo aquello que es “injusto e innecesario” y por lo tanto fuera de todo ejercicio posible y legítimo. Ahora bien, todo ejercicio no considerado por la norma (aquel que no consta en la letra de la ley), es considerado como un ejercicio lícito no regulado, pero sujeto sin embargo, al juicio legitimador de la moral del sujeto que lo realiza, y que esta definido por la ética que genero esa moral.

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El Ejercicio

El tema del ejercicio del poder esta asociado, como ya hemos dicho, a una posición (de poder) y a una norma que lo regula; pero dentro de este esquema hay más que saber. Porque así como la norma regula dicho ejercicio, la posición delimita “el área de influencia” de ese ejercicio.

Esto tiene una razón de ser, ya que, sintaxis mediante, en rigor que en toda ecuación o en toda oración más bien, debe haber un sujeto (individuo investido del poder), sobre la cual recaiga la acción del verbo (poder en tanto acción), para que así esta acción sea ejecutada (bajo la regulación de la norma claro esta).

Esto quiere decir, que son las personas, las que ejecutan las acciones (de poder) al ejercer los cargos (o responsabilidades) que la sociedad les ha conferido, este ejercicio es administrado por la sociedad, por medio de los recursos antes mencionados, al decir, la normativa, la ética, y la moral; recursos que promueven “el justo y correcto” uso y ejercicio del poder.

Concluir este trabajo es, por cierto, presentar la respuesta a la pregunta que nos hacíamos en un principio. “¿Es el abuso, un problema de poder?”

Enfrentados a la necesidad de responder a esto decimos: SÍ, el abuso es un problema de poder. En tanto que el poder es en sí potencia pura no susceptible de ser controlado o regulado en su totalidad. La norma por ser pasiva e inmóvil, no logra abarcar la totalidad de las posibilidades de expresión diversa del Poder, que busca por este medio la debilidad de ésta para expresarse

El abuso de Poder, se verifica ahí donde la norma es débil o no da clara cuenta de las posibilidades de realización del Poder como ejercicio. Por consiguiente el poder que es esencialmente también, pura posibilidad, siempre encuentra la debilidad de la norma (por lo tanto de la ética que la funda y la moral que la soporta) para expresarse y ser.

La necesidad de regular el ejercicio del poder esta fundada en que el abuso, en hecho a veces y en derecho en otras, viola el derecho de los demás y viola “la justa” convivencia de los hombre dentro de la sociedad. Se debe entender de esto que: el Abuso de Poder es, ante todo, un abuso de las demás personas en beneficio de las cuales el poder debe ser administrado.
Finalmente dejamos una idea para que sea pensada. En el espíritu del este trabajo:

“Todo poder es deber.”

Víctor Hugo (1802-1885)

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