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La Torre de Babel: El Poder de las Palabras…

El lugar donde las palabras tuvieron poder por primera vez…

mes

abril 2008

VE CINE, VE AL CINE: “Poltergeist; Juegos Diabólicos”

Acabo de verla por enésima vez. Es una gran película. Icono indiscutido del cine de terror de los 8o, “Poltergeist, juegos diabolicos” tiene secuencias que nunca se van a olvidar; la lista es larga; como la inolvidable escena (aterradora) en que la cama matrimonial se simbra incontrolable y hace creer a todos que ha sido un temblor, pero la niña se voltea y señala con ese tono infanto-siniestro “ya estan aquí…”. La pelicula en general no gano premios, pero quedó en la memoria de los espectadores, por mil y una cosas; la vidente, que fue un suseso, de la cultura pop, la niña protagonísta “Carol-Anne” (aún oigo a la madre gritando… “Carol-Anne!! no vayas a  la luz… no te acerques a la luz bebe!!), hay sido imagenes imborrables del cine moderno y la cultura pop.


“ya están aquí…..” le susurra Carol-Anne a su familia,
pero ellos parecen no entenderla… aún

Argumento

Con un argumento muy simple, la peli cuenta la historia de Steve y Diane Freeling  que forman un matrimonio con tres hijos; de repente, se ven envueltos en el centro de un aterrador fenómeno extraño. La primera en darse cuenta de la situación es la hija pequeña, Carol-Anne, que una noche baja al salón y se acerca a la pantalla de televisión. En ese momento siente la presencia de una fuerza misteriosa detrás de la pantalla. A partir de entonces, se desencadenan extraños sucesos que culminan con la desaparición de la pequeña Carol-Anne. Al parecer la casa ha sido construida sobre un cementerio, y se suponía que los cadáveres habían sido re-enterrados en otra parte, pero lo único que hicieron fue mover las lapidas; ahora Los Freeling y sus hijos pagaran las concecuencias.

Carol-Anne es sacada de este plano por el vortex hacia… “El otro lado”

Esta es la clase de pelicula que le apostó todos sus dados a los tecnicos de FX; pero que logro más que eso, logró una relevancia, porque señalo una senda para el terror moderno. Con un Spielberg ya consangrado, el resultado fue algo más que la clásica pelicula llena de FX, y de contenido pobre; debido en parte a las actuaciones, pero fundamentalmente al clima y la admosfera creadas por la pelicula, que lo tenían a uno siempre al borde de la silla.

Corresponde ahora (como siempre) poner la Ficha Tecnica:

TITULO ORIGINAL                       Poltergeist

TITULO HISPANOAMERICANO    Juegos Diabólicos

GENERO                                     Terror

PAIS                                           Estados Unidos

DURACION                                114 Minutos

AÑO                                          1982

DIRECTOR:                                Tobe Hooper

GUION                                       Steven Spielberg, Michael Grais y Mark Victor

Reparto

JoBeth Williams          como Diane Freeling

Craig T. Nelson          como Steve Freeling

Beatrice Straight         como Dr. Lesh

Dominique Dunne      como Dana Freeling

Oliver Robins             como Robbie Freeling

Heather O’Rourke      como Carol Anne Freeling

Michael McManus (I)  como Ben Tuthill

Virginia Kiser             como Mrs. Tuthill

Martin Casella (I)        como Marty

Richard Lawson          como Ryan

Zelda Rubinstein        como Tangina Barrons

Lou Perry (I)                como Pugsley

Clair E. Leucart           como Bulldozer Driver

James Karen               como Mr. Teague

Dirk Blocker              como Jeff Shaw

La tenacidad de una madre, que es capaz de bajar al infierno LITERALMENTE por salvar a su hija

Uno podría agregar algo más pero prefiero, en esta ocasión, quedarme con una de las escenas entrales de la pelicula, La madre rescata a Carol-Anne de manos de la Bestia… entra al plano Astral al rescate de su hija… un gran momento…

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

RESCATANDO A ITALO CALVINO: “Los Cristales”

Lo que sigue es una belleza del poderoso Italo Calvino; escritor de origen cubano, por quién siento una tremenda admiración; no solo porque Calvino poseía un talento con el que uno no se atreve ni a soñar, sino porque además era dueño de una sensibilidad aguda y penetrante, de la cual era muy dificil sustraerse. Calvino es un escritor, como ya dije, poderoso pero sin embargo poco conocido; su literatura ha estado restringida a circulos de conocedores y  no ha tenido la difusión que se merece, razón por la cual se le rescata en mi torre. Por ahi encontre esta Biografía suya, que me ha parecido muy completa:

La Vida y obra de Italo Calvino.

Le he leído varias cosas a Calvino, de entre ellas, la que más influyo en mí fue “Tiempo Cero”; un texto leve, sutil y maravilloso; escrito con tal delicadeza, que me es muy dificil encontrar otro que se le compare. Por lo mismo, exhorto a quiénes me esten leyendo a que lo lean, y le consideren como un topico imprescindible en las letras del siglo XX. Ahora sin más los dejo con…”Los Cristales”…

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

Los Cristales

Si las sustancias en estado incandescente que constituían el globo terrestre hubieran dispuesto de tiempo suficiente para enfriarse y de suficiente libertad de movimiento, cada una de ellas se habría separado de las otras en un único, enorme cristal.

Podría haber sido distinto, ya lo sé -comentó Qfwfq-, que me lo digan a mí: creí tanto en aquel mundo de cristal que debía aparecer, que ya no me resigno a vivir en éste, amorfo y desmenuzado y gomoso, que nos ha tocado.Yo también corro como hacemos todos, subo al tren todas las mañanas (vivo en New Jersey) para embutirme en el aglomerado de prismas que veo emerger del otro lado del Hudson, con sus cúspides agudas; me paso los días allí dentro, subiendo y bajando por los ejes horizontales y verticales que atraviesan ese compacto sólido, o recorriendo los trayectos obligados que rozan sus lados y sus aristas. Pero no caigo en la trampa: sé que me hacen correr entre lisas paredes transparentes y entre ángulos simétricos para que crea que estoy dentro de un cristal, para que les reconozca una forma regular, un eje de rotación, una constancia en los diedros, cuando no existe nada de todo eso. Lo que existe es lo contrario: el vidrio, son sólidos de vidrio los que flanquean las calles, no de cristal una pasta de moléculas en desorden que ha invadido y consolidado el mundo, una capa de lava enfriada de improviso, ndurecida en formas impuestas desde fuera, mientras que dentro está el magma igual que en la época de la Tierra incandescente. Claro que no echo de menos aquellos tiempos: si sabiéndome descontento de las cosas tal como son, esperáis que recuerde con nostalgia el pasado, os equivocáis. La Tierra sin corteza era horrible, un eterno invierno incandescente, un pantano mineral con negras simas de hierro y niquel que se escurrían de cada grieta hacia el centro del globo, y chorros de mercurio brotando en altísimos surtidores. Nos abrimos paso en una calígene bullente, Vug y yo, y nunca conseguíamos tocar un punto sólido. La barrera de rocas líquidas que enfrentábamos se evaporaba de golpe delante de nosotros, se deshacía en una nube ácida; en cuanto nos abalanzábamos para superarla, sentíamos que se condensaba y nos embestía como una tormenta de lluvia metálica que hinchaba las densas olas de un océano de aluminio. La sustancia de las cosas cambiaba en torno a nosotros de un minuto a otro, o sea que los átomos pasaban de un estado de desorden a otro estado de desorden y depués a otro; es decir, que en la práctica todo seguía siempre igual. El único cambio verdadero habría sido que los átomos se dispusieran en un orden cualquiera: eso era lo que Vug y yo buscábamos moviéndonos en la mescolanza de los elementos sin puntos de referencia, sin un antes y un después. Ahora la situación ha cambiado, lo admito: tengo un reloj de pulsera, confronto el ángulo de sus agujas con el de todas las agujas que veo; tengo una agenda donde se indica el horario de mis obligaciones de trabajo; tengo una libreta de cheques en cuyo talonario sumo y resto números.

En Penn Station bajo del tren, cojo el subway, me quedo de pie tomándome con una mano de la agarradera y sosteniendo con la otra en alto el diario doblado en el que recorro las cifras de las cotizaciones en bolsa: en una palabra, estoy en el juego, el juego de fingir un orden en ese polvillo, una regularidad en el sistema, o una compenetración de sistemas diferentes pero mensurables a pesar de ser incongruentes, que permite ensamblar en cada granulosidad el desorden de la faceta de un orden que en seguida se desmenuza Antes era peor, es cierto. El mundo era una solución de sustancias donde todo estaba disuelto en todo y que a su vez todo lo disolvía. Vug y yo seguíamos perdiéndonos en aquello, perdiéndonos de tan perdido como estábamos, de tan perdidos como siempre habíamos estado, sin idea de lo que podíamos encontrar (o de lo que podía encontrarnos) para dejar de estar perdidos. De pronto nos dimos cuenta. Vug dijo: “¡Allí!”Señalaba en medio de una coladura de lava algo que iba tomando forma. Era un sólido de caras regulares y lisas y de ángulos cortantes; y esas caras y esos ángulos se iban agrandando lentamente como a expensas de la materia en torno, e incluso la forma del sólido cambiaba, pero manteniendo siempre proporciones simétricas… Y no sólo era la forma la que se distinguía de todo el resto, sino también el modo en que la luz penetraba, atravesándola y refractándola. Vug dijo: “¬Brillan! ¬Son muchos!”

Es verdad, no era uno solo. En la extensión incandescente donde en un tiempo sólo afloraban efímeras burbujas de gas expulsadas por las vísceras terrestres, ahora subían a la superficie cubos, octaedros, prismas, figuras diáfanas que parecían casi aéreas, vacías por dentro y que en cambio, como se vio en seguida, concentraban en sí mismas una increíble compacidad y dureza. El centello de esa angulosa floración invadía la Tierra y Vug dijo: “¡Es primavera!”. Yo la besé. Ya habéis comprendido: si amo el orden, no es como en tantos otros una señal de un carácter sometido a una disciplina interior, a una represión de los instintos. En mí la idea de un mundo absolutamente regular, simétrico, metódico, se asocia a ese primer ímpetu y exuberancia de la naturaleza, a la tensión amorosa, a eso que llamáis el eros cuando todas sus otras imágenes, las que según vosotros asocian la pasión al desorden, el amor al desbordamiento inmoderado -río fuego torbellino volcán-, para mí son los recuerdos de la nada y la inapetencia y el hastío. Era un error mío, no necesité mucho para entenderlo. Estamos en el punto de llegada: Vug se ha perdido; del eros de diamante no queda más que el polvo; el presunto cristal que me aprisiona es ahora vulgar vidrio. sigo las flechas en el asfalto, me pongo en fila junto al semáforo y vuelvo a arrancar (hoy he venido a Nueva York en coche) cyuando aparece el verde (como todos los miércoles, porque acompaño) engranando la primera (a Dorothy a su psicoanalista), trato de mantener una velocidad constante que me permita pasar siempre con luz verde a la Second Avenue. Esto que llamáis orden es un deshilachado remiendo de la disgregación: encuentro un lugar donde aparcar pero dentro de dos horas tendré que bajar para meter otra moneda en el parquímetro; si lo olvido se llevarán el coche con una grúa.

En aquellos tiempos soñaba con un mundo de cristal: no lo soñé, lo vi, una indestructible gélida primavera de cuarzo. Unos poliedros altos como montañas crecían, diáfanos: a través de su espesor se transparentaba la sombra del que estaba del otro lado. “¡Vug, eres tú!” Para alcanzarla me aventuraba entre paredes lisas como espejos; retrocedía resbalando; me aferraba a las aristas, hiriéndome; corría a lo largo de perímetros engañosos y en cada recodo había una luz distinta -irradiante, lechosa, opaca- que la montaña contenía.

– ¿Dónde estás? – ¡En el bosque! Los cristales de plata eran árboles filiformes, con ramificaciones en ángulo recto. Esqueléticas frondas de estaño y plomo espesaban la floresta con su vegetación geométrica. Por allí corría Vug.- ¡Qwfwq! ¬Por allí es diferente! -gritó-. ¡Oro, verde, azul!

Un valle de berilio se abría al aire, circundado de crestas de todos los colores del aguamarina al esmeralda. Detrás de mí estaba Vug dividida entre felicidad y temor felicidad viendo cómo cada sustancia que componía el mundo encontraba su forma definitiva y sólida, y el temor todavía indeterminado de que este triunfo del orden en formas tan variadas pudiera reproducir en otra escala el desorden que acabábamos de dejar a nuestras espaldas. Un cristal total, soñaba yo, un topacio-mundo que no dejara nada fuera: estaba impaciente por que nuestra Tierra se separase de la rueda de gas y polvo en la que giran todos los cuerpos celestes, por que fuese la primera en huir de la dispersión inútil que es el universo. Si uno quiere, claro está, puede empeñarse en encontrar un orden en las estrellas, en las galaxias, un orden en las ventanas iluminadas de los rascacielos vacíos donde el personal de limpieza, entre las nueve y la medianoche, encera las oficinas. Justificar, el gran trabajo es ése, justificad si no queréis que todo se deshaga. Esta noche cenamos fuera de casa, en un restaurante en la terraza de un piso de veinticuatro. Es una cena de negocios; somos seis; están también Dorothy y la mujer de Dick Bemberg. Como ostras, miro una estrella que se llama (si es ésa) Betelgeuse. Conversamos: nosotros, de producción; las señoras, de consumo. Por lo demás, ver el firmamento es difícil: las luces de Manhattan se dilatan en un halo que se empasta en la luminosidad del cielo.La maravilla de los cristales es el retículo de los átomos que se repite de continuo: esto era lo que Vug no quería entender. Lo que a ella le gustaba -lo comprendí en seguida- era descubrir en los cristales diferencias aunque fuesen mínimas, irregularidades, imperfecciones.

-¿Pero qué puede importar un átomo fuera de lugar, una exfoliación un poco torcida -decía yo- en un sólido destinado a agrandarse infinitamente según un esquema regular? Al cristal único es a lo que tendemos, al cristal gigante…- A mí me gustan cuando hay muchos pequeños -decía. Para contradecirme, es cierto; pero también porque era verdad que los cristales brotaban a miles al mismo tiempo y se compenetraban unos con otros, deteniendo su crecimiento allí donde se ponían en contacto, y nunca llegaban a apropiarse por completo de la roca líquida de la que tomaban forma: el mundo no tendía a componerse en una figura cada vez más simple sino que se agrumaba en una masa vidriosa de la cual parecía que prismas y octaedros y cubos estuvieran luchando por liberarse y atraer hacia sí toda la materia…

Estalló un cráter: soltó una cascada de diamantes.-¡Mira! ¡Qué grandes! -exclamó Vug. En todas partes había erupciones de volcanes: un continente de diamante refractaba la luz del sol en un mosaico de escamas de arco iris. -¿No habías dicho que cuanto más pequeños más te gustaban? -le recordé. ¡No! ¡Aquéllos! ¡Enormes! ¡Los quiero! -y se abalanzó.-¡Los hay mucho más grandes! -dije, señalando a lo alto. El centelleo me cegaba: yo veía ya una montaña-diamante, una cadena facetada e iridiscente, una gema-altiplano, un Himalaya-Kohinor. -¿Para qué me sirven? ¡A mí me gustan los que se pueden tener! ¡Los quiero! -y ya había en Vug la pasión de poseer.- Será el diamante el que te tendrá: ¡él es el más fuerte! -dije. Me equivocaba, como de costumbre: el diamante fue conseguido, no por nosotros. Cuando paso delante de Tiffany’s me detengo a mirar los escaparates, contemplo los diamantes prisioneros, astillas de nuestro reino perdido. Yacen en ataúdes de terciopelo, encadenados en plata y platino; con la imaginación y la memoria los agiganto, les devuelvo las dimensiones de roca, de jardín, de lago, imagino la sombra azulada de Vug reflejada en ellos. No la imagino: es la misma Vug la que ahora avanza entre los diamantes. Me vuelvo: es la muchacha que detrás de mí mira el escaparate, bajo el pelo oblicuo.¬ ¡Vug! -digo-. ¬Nuestros diamantes! Se echa a reír.-¿Eres tú de veras? -pregunto-. ¿Tu nombre? Me da su teléfono. Estamos entre losas de vidrio: yo vivo en el seudo orden, quisiera decirle, tengo una oficina en East-Side, mi casa está en New Jersey, este weekend Drothy ha invitado a los Bemberg, contra el seudo orden nada puede ser el seudo desorden, se necesitaría el diamante, no que lo tuviéramos nosotros sino que el diamante nos tuvera, el diamante libre donde andábamos Vug y yo…- Te llamaré -le digo, y es sólo por el deseo de volver a reñir con ella, con Vug.En un cristal de aluminio, allí donde el azar dispersa átomos de cromo, la transparencia se colorea de un rojo profundo: florecían bajo nuestros pasos los rubíes.-¿Has visto? -decía Vug-. ¨No son preciosos? No podíamos recorrer un valle de rubíes sin que se reanudaran las disputas.- Sí -decía yo-, porque la regularidad del hexágono…-¡Uf! -decía ella-. ¡A ver si habría rubíes sin la intrusión de átomos extraños! Yo me enfadaba. Más precioso o menos precioso, podíamos discutir infinitamente. Pero el solo hecho seguro era que la Tierra iba coincidiendo con las preferencias de Vug. El mundo de Vug era el de las fisuras, las grietas donde la lava sube disolviendo la roca y mezclando los minerales en concreciones imprevisibles. Al verla acariciar las paredes de granito, yo lamentaba lo mucho que se había perdido, en aquella roca, de la exactitud de los feldespatos, de las micas, de los cuarzos. Vug sólo parecía complacerse en lo menudamente abigarrada que se presentaba la faz del mundo. ¿Cómo entendernos? Para mí únicamente valía lo que era acrecentamiento homogéneo, inseparabilidad, quietud alcanzada; para ella, lo que era separación y mezcla, una cosa o la otra, o las dos juntas. También nosotros dos debíamos adquirir un aspecto (todavía no poseíamos ni forma ni futuro): yo imaginaba una lenta expansión uniforme, a ejemplo de los cristales, hasta el punto en que el cristal -yo se compenetrase y fundiese con el cristal-ella y juntos llegáramos quizás a ser una sola cosa con el cristal-mundo; ella parecía saber ya que la ley de la materia viviente sería separarse y volver a unirse al infinito. ¿Era Vug, por tanto, quién tenía razón? Es lunes: la llamo por teléfono. Ya es casi verano. Pasamos un día juntos en Staten Island, en la playa. Vug mira deslizarse los granitos de arena entre los dedos. Tantos cristales minúsculos… -dice. El mundo desmenuzado que nos circunda sigue siendo para ella el de entonces, el que esperábamos que naciera del mundo incandescente.

Es verdad, los cristales dan todavía su forma al mundo, despedazándose, reduciéndose a fragmentos casi imperceptibles arrollados por las olas, con incrustaciones de todos los elementos disueltos en el mar que los amasija en rocas abruptas, en escolleras de arenisca cien veces disueltas y rehechas, en esquistos, pizarras, mármoles de glabra blancura, simulacros de lo que hubieran podido y no podrán ser nunca más. Y me vuelve la obstinación de cuando empezó a resultar evidente que la partida estaba perdida, que la corteza de la Tierra se iba convirtiendo en un cúmulo de formas dispares, y yo no quería resignarme, y a cada discontinuidad del pórfido que Vug, contenta, me señalaba, a cada vidriosidad que afloraba del basalto, quería convencerme de que ésas eran sólo irregularidades aparentes, que formaban parte todas de una estructura regular mucho más vasta, en la cual a cada asimetría que creíamos observar respondía en realidad una red de simetrías tan complicada que no podíamos explicarla y trataba de calcular cuántos miles de millones de lados y de ángulos diedros tendría ese cristal laberíntico, ese hipercristal -que comprendía en sí cristales y no cristales. Vug ha traído a la playa una pequeña radio de transistores.- Todo viene del cristal -digo-, incluso la música que escuchamos-. Pero sé que el cristal del transistor tiene lagunas, está contaminado, atravesado de impurezas, de desgarrones en la malla de los átomos. Ella dice: ¿Qué obsesión la tuya”. Y nuestra vieja dicusión continúa: quiere hacerme admitir que el orden verdadero es el que lleva dentro de sí la impureza, la destrucción.

El barco amarra en el Battery, es de noche, del retículo iluminado de los prismas-rascacielos sólo miro ahora las demalladuras sombrías, las brechas. Acompaño a Vug a su casa; subo. Vive en Downtown, tiene un estudio de fotógrafa. Mirando a mi alrededor no veo más que perturbaciones en el orden de los átomos: los tubos fosforescentes, el vídeo, el espesarse de mínimos cristles de plata en las placas fotográficas. Abro la nevera, saco el hielo para el whisky. Del transistor sale un sonido de saxofón. El cristal que ha conseguido se el munco, hacer que el mundo sea transparente para sí mismo, refractarlo en infinitas imágenes espectrales, no es el mío: es un cristal corroído, manchado, mezclado. La victoria de los cristales (y de Vug) fue lo mismo que su derrota (y la mía). Espero a que termine el disco de Thelonius Monk y se lo digo.

ALEJO CARPENTIER: A 28 Años de su muerte, su prosa sigue sonando fuerte por todo continente….

Estoy leyendole una de sus mejores obras; “El Siglo de las Luces”. Dotado de una pluma prodigiosa, Alejo Carpentier nos presenta una prosa poderosa, llena de paciencia, metódica y trabajada. Gran narrador, a la hora de tejer escenarios para sus historias, siempre llenas de descripciones exquisitas, y de gran sensibilidad. Su trabajo es lectura obligada y ha dejado su huella en toda la producción del continente, gracias a su talento indiscutible. Y hoy, en que se cumplen 28 años de su muerte, expongo algo de su vida y su obra además de la primera parte de un trabajo suyo, “El Viaje a la Semilla”.

Su Vida

Nació en La Habana el 26 de diciembre de 1904, hijo de un arquitecto francés y de una cubana de refinada educación. Estudió los primeros años en La Habana y a la edad de doce años, como la familia se trasladó a París durante unos años, asistió al liceo de Jeanson de Sailly, y se inició en los estudios musicales con su madre, desarrollando una intensa vocación musical. Ya de regreso a Cuba comenzó a estudiar arquitectura, pero no acabó la carrera. Empezó a trabajar como periodista y a participar en movimientos políticos izquierdistas. Fue encarcelado y a su salida se exilió en Francia. Volvió a Cuba donde trabajó en la radio y llevó a cabo importantes investigaciones sobre la música popular cubana. Viajó por México y Haití donde se interesó por las revueltas de los esclavos del siglo XVIII. Marchó a vivir a Caracas en 1945 y no volvió a Cuba hasta 1956, año en el que se produjo el triunfo de la Revolución castrista. Desempeñó diversos cargos diplomáticos para el gobierno revolucionario, murió en 1980 en París, donde era embajador de Cuba.

Su Obra

Carpentier recibió la influencia directa del surrealismo, y escribió para la revista Révolution surréaliste, por encargo expreso del poeta y crítico literario francés André Breton. Sin embargo, mantuvo una posición crítica respecto a la poco reflexiva aplicación de las teorías del surrealismo e intentó incorporar a toda su obra la maravilla, una forma de ver la realidad que, mantenía, era propia y exclusiva de América. Entre sus novelas cabe citar El reino de este mundo (1949), escrita tras un viaje a Haití, centrada en la revolución haitiana y el tirano del siglo XIX Henri Christophe, y Los pasos perdidos (1953), el diario ficticio de un músico cubano en el Amazonas, que trata de definir la relación real entre España y América siguiendo la conquista española. Se considera que es su obra maestra, un intento de llevar a cabo su idea de construir una novela que llegue más allá de la narración, que no sólo exprese su época sino que la interprete. Guerra del tiempo ( 1958 ) se centra en la violencia y en la naturaleza represiva del gobierno cubano durante la década de 1950. En 1962 publicó El siglo de las luces, en la que narra la vida de tres personajes arrastrados por el vendaval de la Revolución Francesa. Más que una novela histórica, o una novela de ideas es, en la interpretación de algunos críticos, una cabal novela filosófica. Concierto Barroco (1974) es una novela en la que expone sus visiones acerca de la mezcla de culturas en Hispanoamérica. Finalmente El recurso del método (1974) y La consagración de la primavera (1978), obras complementarias y difíciles; la primera suele “considerarse como la historia de la destrucción de un mundo”, la caída del mito del hombre de orden, mientras que la segunda representa la larga crónica del triunfo en Cuba de un nuevo mito, que Carpentier trata de explicar desde su imposible papel de espectador: el autor trata de explicar el inconciliable desajuste entre el tiempo del hombre y el tiempo de la historia.

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

“Viaje a la semilla”

(Alejo Carpentier)

I

—¿Qué quieres, viejo?…

Varias veces cayó la pregunta de lo alto de los andamios. Pero el viejo no respondía. Andaba de un lugar a otro, fisgoneando, sacándose de la garganta un largo monólogo de frases incomprensibles. Ya habían descendido las tejas, cubriendo los canteros muertos con su mosaico de barro cocido. Arriba, los picos desprendían piedras de mampostería, haciéndolas rodar por canales de madera, con gran revuelo de cales y de yesos. Y por las almenas sucesivas que iban desdentando las murallas aparecían —despojados de su secreto— cielos rasos ovales o cuadrados, cornisas, guirnaldas, dentículos, astrágalos, y papeles encolados que colgaban de los testeros como viejas pieles de serpiente en muda. Presenciando la demolición, una Ceres con la nariz rota y el peplo desvaído, veteado de negro el tocado de mieses, se erguía en el traspatio, sobre su fuente de mascarones borrosos. Visitados por el sol en horas de sombra, los peces grises del estanque bostezaban en agua musgosa y tibia, mirando con el ojo redondo aquellos obreros, negros sobre claro de cielo, que iban rebajando la altura secular de la casa. El viejo se había sentado, con el cayado apuntalándole la barba, al pie de la estatua. Miraba el subir y bajar de cubos en que viajaban restos apreciables. Oíanse, en sordina, los rumores de la calle mientras, arriba, las poleas concertaban, sobre ritmos de hierro con piedra, sus gorjeos de aves desagradables y pechugonas.

Dieron las cinco. Las cornisas y entablamentos se desploblaron. Sólo quedaron escaleras de mano, preparando el salto del día siguiente. El aire se hizo más fresco, aligerado de sudores, blasfemias, chirridos de cuerdas, ejes que pedían alcuzas y palmadas en torsos pringosos. Para la casa mondada el crepúsculo llegaba más pronto. Se vestía de sombras en horas en que su ya caída balaustrada superior solía regalar a las fachadas algún relumbre de sol. La Ceres apretaba los labios. Por primera vez las habitaciones dormirían sin persianas, abiertas sobre un paisaje de escombros.

Contrariando sus apetencias, varios capiteles yacían entre las hierbas. Las hojas de acanto descubrían su condición vegetal. Una enredadera aventuró sus tentáculos hacia la voluta jónica, atraída por un aire de familia. Cuando cayó la noche, la casa estaba más cerca de la tierra. Un marco de puerta se erguía aún, en lo alto, con tablas de sombras suspendidas de sus bisagras desorientadas.

II

Entonces el negro viejo, que no se había movido, hizo gestos extraños, volteando su cayado sobre un cementerio de baldosas.

Los cuadrados de mármol, blancos y negros volaron a los pisos, vistiendo la tierra. Las piedras con saltos certeros, fueron a cerrar los boquetes de las murallas. Hojas de nogal claveteadas se encajaron en sus marcos, mientras los tornillos de las charnelas volvían a hundirse en sus hoyos, con rápida rotación. En los canteros muertos, levantadas por el esfuerzo de las flores, las tejas juntaron sus fragmentos, alzando un sonoro torbellino de barro, para caer en lluvia sobre la armadura del techo. La casa creció, traída nuevamente a sus proporciones habituales, pudorosa y vestida. La Ceres fue menos gris. Hubo más peces en la fuente. Y el murmullo del agua llamó begonias olvidadas.

El viejo introdujo una llave en la cerradura de la puerta principal, y comenzó a abrir ventanas. Sus tacones sonaban a hueco. Cuando encendió los velones, un estremecimiento amarillo corrió por el óleo de los retratos de familia, y gentes vestidas de negro murmuraron en todas las galerías, al compás de cucharas movidas en jícaras de chocolate.

Don Marcial, el Marqués de Capellanías, yacía en su lecho de muerte, el pecho acorazado de medallas, escoltado por cuatro cirios con largas barbas de cera derretida

III

Los cirios crecieron lentamente, perdiendo sudores. Cuando recobraron su tamaño, los apagó la monja apartando una lumbre. Las mechas blanquearon, arrojando el pabilo. La casa se vació de visitantes y los carruajes partieron en la noche. Don Marcial pulsó un teclado invisible y abrió los ojos.

Confusas y revueltas, las vigas del techo se iban colocando en su lugar. Los pomos de medicina, las borlas de damasco, el escapulario de la cabecera, los daguerrotipos, las palmas de la reja, salieron de sus nieblas. Cuando el médico movió la cabeza con desconsuelo profesional, el enfermo se sintió mejor. Durmió algunas horas y despertó bajo la mirada negra y cejuda del Padre Anastasio. De franca, detallada, poblada de pecados, la confesión se hizo reticente, penosa, llena de escondrijos. ¿Y qué derecho tenía, en el fondo, aquel carmelita, a entrometerse en su vida? Don Marcial se encontró, de pronto, tirado en medio del aposento. Aligerado de un peso en las sienes, se levantó con sorprendente celeridad. La mujer desnuda que se desperezaba sobre el brocado del lecho buscó enaguas y corpiños, llevándose, poco después, sus rumores de seda estrujada y su perfume. Abajo, en el coche cerrado, cubriendo tachuelas del asiento, había un sobre con monedas de oro.

Don Marcial no se sentía bien. Al arreglarse la corbata frente a la luna de la consola se vio congestionado. Bajó al despacho donde lo esperaban hombres de justicia, abogados y escribientes, para disponer la venta pública de la casa. Todo había sido inútil. Sus pertenencias se irían a manos del mejor postor, al compás de martillo golpeando una tabla. Saludó y le dejaron solo. Pensaba en los misterios de la letra escrita, en esas hebras negras que se enlazan y desenlazan sobre anchas hojas afiligranadas de balanzas, enlazando y desenlazando compromisos, juramentos, alianzas, testimonios, declaraciones, apellidos, títulos, fechas, tierras, árboles y piedras; maraña de hilos, sacada del tintero, en que se enredaban las piernas del hombre, vedándole caminos desestimados por la Ley; cordón al cuello, que apretaban su sordina al percibir el sonido temible de las palabras en libertad. Su firma lo había traicionado, yendo a complicarse en nudo y enredos de legajos. Atado por ella, el hombre de carne se hacía hombre de papel.

Era el amanecer. El reloj del comedor acababa de dar la seis de la tarde.

IV

Transcurrieron meses de luto, ensombrecidos por un remordimiento cada vez mayor. Al principio, la idea de traer una mujer a aquel aposento se le hacía casi razonable. Pero, poco a poco, las apetencias de un cuerpo nuevo fueron desplazadas por escrúpulos crecientes, que llegaron al flagelo. Cierta noche, Don Marcial se ensangrentó las carnes con una correa, sintiendo luego un deseo mayor, pero de corta duración. Fue entonces cuando la Marquesa volvió, una tarde, de su paseo a las orillas del Almendares. Los caballos de la calesa no traían en las crines más humedad que la del propio sudor. Pero, durante todo el resto del día, dispararon coces a las tablas de la cuadra, irritados, al parecer, por la inmovilidad de nubes bajas.

Al crepúsculo, una tinaja llena de agua se rompió en el baño de la Marquesa. Luego, las lluvias de mayo rebosaron el estanque. Y aquella negra vieja, con tacha de cimarrona y palomas debajo de la cama, que andaba por el patio murmurando: «¡Desconfía de los ríos, niña; desconfía de lo verde que corre!» No había día en que el agua no revelara su presencia. Pero esa presencia acabó por no ser más que una jícara derramada sobre el vestido traído de París, al regreso del baile aniversario dado por el Capitán General de la Colonia.

Reaparecieron muchos parientes. Volvieron muchos amigos. Ya brillaban, muy claras, las arañas del gran salón. Las grietas de la fachada se iban cerrando. El piano regresó al clavicordio. Las palmas perdían anillos. Las enredaderas saltaban la primera cornisa. Blanquearon las ojeras de la Ceres y los capiteles parecieron recién tallados. Más fogoso Marcial solía pasarse tardes enteras abrazando a la Marquesa. Borrábanse patas de gallina, ceños y papadas, y las carnes tornaban a su dureza. Un día, un olor de pintura fresca llenó la casa.

V

Los rubores eran sinceros. Cada noche se abrían un poco más las hojas de los biombos, las faldas caían en rincones menos alumbrados y eran nuevas barreras de encajes. Al fin la Marquesa sopló las lámparas. Sólo él habló en la obscuridad.

Partieron para el ingenio, en gran tren de calesas—relumbrante de grupas alazanas, bocados de plata y charoles al sol. Pero, a la sombra de las flores de Pascua que enrojecían el soportal interior de la vivienda, advirtieron que se conocían apenas. Marcial autorizó danzas y tambores de Nación, para distraerse un poco en aquellos días olientes a perfumes de Colonia, baños de benjuí, cabelleras esparcidas, y sábanas sacadas de armarios que, al abrirse, dejaban caer sobre las lozas un mazo de vetiver. El vaho del guarapo giraba en la brisa con el toque de oración. Volando bajo, las auras anunciaban lluvias reticentes, cuyas primeras gotas, anchas y sonoras, eran sorbidas por tejas tan secas que tenían diapasón de cobre. Después de un amanecer alargado por un abrazo deslucido, aliviados de desconciertos y cerrada la herida, ambos regresaron a la ciudad. La Marquesa trocó su vestido de viaje por un traje de novia, y, como era costumbre, los esposos fueron a la iglesia para recobrar su libertad. Se devolvieron presentes a parientes y amigos, y, con revuelo de bronces y alardes de jaeces, cada cual tomó la calle de su morada. Marcial siguió visitando a María de las Mercedes por algún tiempo, hasta el día en que los anillos fueron llevados al taller del orfebre para ser desgrabados. Comenzaba, para Marcial, una vida nueva. En la casa de altas rejas, la Ceres fue sustituida por una Venus italiana, y los mascarones de la fuente adelantaron casi imperceptiblemente el relieve al ver todavía encendidas, pintada ya el alba, las luces de los velones.

VI

Una noche, después de mucho beber y marearse con tufos de tabaco frío, dejados por sus amigos, Marcial tuvo la sensación extraña de que los relojes de la casa daban las cinco, luego las cuatro y media, luego las cuatro, luego las tres y media… Era como la percepción remota de otras posibilidades. Como cuando se piensa, en enervamiento de vigilia, que puede andarse sobre el cielo raso con el piso por cielo raso, entre muebles firmemente asentados entre las vigas del techo. Fue una impresión fugaz, que no dejó la menor huella en su espíritu, poco llevado, ahora, a la meditación.

Y hubo un gran sarao, en el salón de música, el día en que alcanzó la minoría de edad. Estaba alegre, al pensar que su firma había dejado de tener un valor legal, y que los registros y escribanías, con sus polillas, se borraban de su mundo. Llegaba al punto en que los tribunales dejan de ser temibles para quienes tienen una carne desestimada por los códigos. Luego de achisparse con vinos generosos, los jóvenes descolgaron de la pared una guitarra incrustada de nácar, un salterio y un serpentón. Alguien dio cuerda al reloj que tocaba la Tirolesa de las Vacas y la Balada de los Lagos de Escocia. Otro embocó un cuerno de caza que dormía, enroscado en su cobre, sobre los fieltros encarnados de la vitrina, al lado de la flauta traversera traída de Aranjuez. Marcial, que estaba requebrando atrevidamente a la de Campoflorido, su sumó al guirigay, buscando en el teclado, sobre bajos falsos, la melodía del Trípili-Trápala. Y subieron todos al desván, de pronto, recordando que allá, bajo vigas que iban recobrando el repello, se guardaban los trajes y libreas de la Casa de Capellanías. En entrepaños escarchados de alcanfor descansaban los vestidos de corte, un espadín de Embajador, varias guerreras emplastronadas, el manto de un Príncipe de la Iglesia, y largas casacas, con botones de damasco y difuminos de humedad en los pliegues. Matizáronse las penumbras con cintas de amaranto, miriñaques amarillos, túnicas marchitas y flores de terciopelo. Un traje de chispero con redecilla de borlas, nacido en una mascarada de carnaval, levantó aplausos. La de Campoflorido redondeó los hombros empolvados bajo un rebozo de color de carne criolla, que sirviera a cierta abuela, en noche de grandes decisiones familiares, para avivar los amansados fuegos de un rico Síndico de Clarisas.

Disfrazados regresaron los jóvenes al salón de música. Tocado con un tricornio de regidor, Marcial pegó tres bastonazos en el piso, y se dio comienzo a la danza de la valse, que las madres hallaban terriblemente impropio de señoritas, con eso de dejarse enlazar por la cintura, recibiendo manos de hombre sobre las ballenas del corset que todas se habían hecho según el reciente patrón de «El Jardín de las Moodas». Las puertas se obscurecieron de fámulas, cuadrerizos, sirvientes, que venían de sus lejanas dependencias y de los entresuelos sofocantes para admirarse ante fiesta de tanto alboroto. Luego. se jugó a la gallina ciega y al escondite. Marcial, oculto con la de Campoflorido detrás de un biombo chino, le estampó un beso en la nuca, recibiendo en respuesta un pañuelo perfumado, cuyos encajes de Bruselas guardaban suaves tibiezas de escote. Y cuando las muchachas se alejaron en las luces del crepúsculo, hacia las atalayas y torreones que se pintaban en grisnegro sobre el mar, los mozos fueron a la Casa de Baile, donde tan sabrosamente se contoneaban las mulatas de grandes ajorcas, sin perder nunca—así fuera de movida una guaracha—sus zapatillas de alto tacón. Y como se estaba en carnavales, los del Cabildo Arará Tres Ojos levantaban un trueno de tambores tras de la pared medianera, en un patio sembrado de granados. Subidos en mesas y taburetes, Marcial y sus amigos alabaron el garbo de una negra de pasas entrecanas, que volvía a ser hermosa, casi deseable, cuando miraba por sobre el hombro, bailando con altivo mohín de reto.

(Continuará…)

POR EL DERECHO DE LAS MUJERES A DECIDIR:12.000 personas en la marcha por la libre elección…

Ocurrió ayer en la tarde.  Marchas en 9 ciudades del país, 12.000 personas solo en la ciudad de Santiago; este fue el saldo total de las manifestaciones convocadas en contra de la resolución del Tribunal Constitucional, que declaro incosittucional, el Farmaco conocido como “la pildora del día despúes”. Hay mucho que uno podría agregar, per las palabras  a veces sobran… dejo acá el feed back recogido de la prensa nacional… En este caso estoy seguiro que los hecho valen más que las palabras….

A continuación el resumen noticioso:

La Tercera 1

La Tercera 2

La Tercera 3

La Nación

También se encuentran informaciones en el Diario Las Ultimas Noiticias, pero su formato impide hacer links… http://www.lun.cl

Imagenes de la movilización de anoche…

A veces, es bueno recordar a los que, en el pasado, nos han advertido de estas cosas:

Sostengo que quien infringe una ley porque su conciencia la considera injusta, y acepta voluntariamente una pena de prisión, a fin de que se levante la conciencia social contra esa injusticia, hace gala, en realidad, de un respeto superior por el derecho.
Martin Luther King ( 1929-1968 ) Religioso estadounidense.

El que tiene un derecho no obtiene el de violar el ajeno para mantener el suyo.
José Martí (1853-1895) Político y escritor cubano.

La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía.
José Martí (1853-1895) Político y escritor cubano.

Si los hombres emplean su libertad de tal manera que renuncian a ésta, ¿puede considerárseles por ello menos esclavos? Si el pueblo elige por un plebiscito a un déspota para gobernarlo, ¿sigue siendo libre por el hecho de que el despotismo ha sido su propia obra?
Herbert Spencer (1820-1903) Escritor británico.

Los mayores enemigos de la libertad no son aquellos que la oprimen, sino los que la ensucian.
Vincenzo Gioberti (1801-1852) Filósofo y estadista italiano.

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LAS 100 PELICULAS QUE NO PUEDES DEJAR DE VER ANTES DE MORIR: “Victor Victoria” una mujer que finge ser hombre que finge ser mujer….

Julie Andrews como Victor                                                         Y como Victoria….

Esta pelicula tiene que estar entre las 100 imperdibles….

¿Porque? casi por todo, las actuaciones son brillantes; el argumento es elicioso e inteligente, los montajes musicales son una maravilla; porque es una comedia hilarante e inteligente, y porque Julie Andrews canta como los dioses, y podría decir más, pero nop! solo dire eso… ¿porque debe estar entre las 100 inperdibles? porque “Victor Victoria” es de las mejores peliculas que se han filmado. El film se instala  en un espacio atractivo de ambiguedad (no es absolutamente un musical, y tampoco es absolutamente una pelicula) debatiendo con humor e inteligencia los sabrosos y complicados entresijos del arte, el espectaculo y el amor en los  tormentosos 20´s.

La canción jazz hot la primera aparición, de victoria como Victor

El argumento

aparece como algo simple, pero nop!!, no lo es; tratado con humor y ligereza, le guión cuenta la historia de Victoria (Julie Andrews) es una cantante de ópera que no consigue trabajo y que está sumida en la pobreza; en el medio absolutamente exesivo y extravagante de los años locos, no hay espacio en la escena, para un nro tan “tipico” como el de una cantante de opera por muy talentosa que sea; situación que cambia milagrosamente con la ayuda de un cantante de cabaret (Robert Preston), quién le siguiere que ella se disfrace de hombre y adopte el nombre de Victor, para montar un nro de transformismo, logrando la doble mentira (una mujer disfrazada de hombre que se disfraza de mujer). Con un numero montado, Victoria consigue trabajo en el cabaret como transformista y tiene cada vez mayor éxito. Nadie sospecha que realmente es una mujer, nisiquiera un rico hombre de negocios estadounidense (James Garner), que se enamora de ella (o de él ¿…?).

Crazy world… Un regalo “de hombre a hombre”…

De ahí en adelante; hay mil enrredos, complicaciones, situaciones absurda y (astutas) dificultades rodean a la “feliz pareja” descubriendo de paso el mundo de “los secretos a voces”, en los que vivían los homosexuales (el guardaespaldas del empresario se revela como Gay). Garner enloquece por elconflicto entre amor “de este  hombre”; los prejuicios y las dudas sobre “su sexualidad”; mientras que la Andrews, sufre presa de la mentira en la que vive, como Victor- victoria

You and me… un canción y una pelea de Bar…

Bueno… ahora lo de siempre, la ficha tecnica, pero además algunas curiosidades en torno de la pelicula; Sabían que, en principio, se optó por Billy Wilder como director, quién declinó la oferta y les propuso a los productores la opción de Blake Edwards, con el que compartía una profunda amistad; y que el guión de Edwards y Hans Hoemburg se basa en una película alemana de 1933 dirigida por Reinhold Schünzel.

FICHA TECNICA

Título:                 Victor/Victoria  o ¿Víctor o Victoria?

País(es):              Estados Unidos – Reino Unido

Año:                   1982

Género:              Comedia musical

Duración:           133 minutos.

Dirección:          Blake Edwards

Producción:        Tony Adams – Blake Edwards –  Gerald T. Nutting.

Guión:                Blake Edwards – Hans Hoemburg

Música:              Henri Mancini – Leslie Bricuse

Fotografía:         Dick Bush

REPARTO

Julie Andrews

Robert Preston

James Garner

Lesley Ann Warren

Alex Karras

John Rhys-Davies

Peter Arne

Robert Preston el musical final…

HA! por cierto… lo mejor se deja siempre para el final… la actuación de Robert Preston, “suplantando” a Victor (victoria) en el ultimo numero… Una genialidad, sencillamente una  genialidad…

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POR EL DERECHO DE LAS MUJERES A DECIDIR SOBRE SU PROPIO CUERPO….

Me llegó esta información; creo pertinente otorgarle un espacio en mi torre, no solo porque creo firmemente en el derecho de autodeterminación que la mujer tiene sobre su propio cuerpo; sino porque creo además que el tema del derecho a la vida y el tema de fertilidad, no puede bajo ningun concepto ser tratado al margen de la opinión de las grandes interesadas en este asunto….. LAS MISMAS MUJERES… Hace días leía por ahí; que no es posible que 5 hombres decidan sobre la sexualidad de mas de la mitad de la población nacional…Por que, vamos hay que decirlo de una vez….. ESTE NO ES UN TEMA  ÉTICO, ES UN TEMA ECONÓMICO, porque cuando decidimos como nación, vivir bajo un régimen capitalista y neoliberal; decidimos varias cosas también, una de ellas es que: sí, tenemos “Derecho a la vida”… pero tenemos derecho a la vida que podamos pagar; porque la  moral sobre la vida sale de paseo cuando no hay comida para poner en la mesa, cuando los hijos “que dios no ha dado” duermen con frio o no puede tener lo que el modelo económico llama “una vida digna”, porque esa “vida digna” se sale del presupuesto; porque es tremendamente fácil salir en defenza de la ética y la moral,  cuando tienes una comoda cuenta de banco, eres hombre y “los hijos del pueblo” son el problema de otro. Y menos cuando “ese otro” en un año no gana ni la tercera parte de tu ganas en 6 meses; o cuando eres miembro de una iglesia que llama graciosamente a “salvar a los hijos de dios”; pero no esta dispuesta a asumir la responsabilida de alimentarlos, vestirlos, educarlos, darles un hogar…. nooo.. eso “es problema de los feligreses”; que tienen que trabajar 14 horas diarias para tener el suficiente dinero para llegar a fin de mes; o sobreendeudarse con creditos que jamás terminaran de pagar mientras vivan, para mantener a los hijos que no tuvieron opción de planificar, porque la moralidad de otras personas, decidieron lo que era su derecho decidir sobre si mismos… Era su vida…

Las politicas de fertilidad tienen como objetivo, realizar un control de la natalidad para mantener los indice demograficos dentro de margenes que el modelo economico pueda manejar; significa que el país no tenga “mas hijos de los que pueda mantener”; las familias tiene también ese derecho. Como hombres, no podemos desconocer que dentro del tema de la maternidad tenemos una posición y un papel tremendamente cómodo; no nos embarazamos, no engordamos, no estamos obligados a criar, para nosotros ser padres es “opcional”; cuando una mujer queda embarazada,  se queda absolutamente sin opociones, no tiene salidas cómodas; si no lo quiere tener; tiene que abortar, y pasar por el trauma atroz del aborto, jugarse  la vida en la camilla sucia de una partera clandestina, que la va a dejar botada al primer sintoma de problemas; después de eso, tiene que superar el desprecio social por haber cometido “un crimen”, sin contar con que probablemente  le tome años… años de su vida recuperarse y volver a tener una relación sana con otra persona. Por otro lado, si decide tenerlo; debe renunciar a su vida, a sus proyectos, a su desarrollo como mujer, porque todo queda postergado ya que “viene el niño”; y como ella “no estaba lista”,  y “no estaba planeado”, su vida se deshace a pedazos. La planificación familiar, resuelve y ordena todo eso, el embarazo viene siempre en el seno de una pareja que esta dispuesta en partes iguales a sumir la responsabilidad por la criatura que va avenir; poque cualquier privación que se enfrente es enfrentada en la comunión de la pareja y no en la soledad de un cuarto, con un tipo que no te contesta el telefono, porque en realidad “no estoy seguro de que sea mío”. A como ¿no les gusta leer esto?… Pues bienvenidos a la realidad…. no querían capitalismo…? no querían libre mercado…? no querían vivir en la tierra de la oportunidad?… ahi tienen…!!

Por esas y otras razones más; las mujeres que han decidido oponerse a la desición del TRIBUNAL CONSTITUCIONAL tiene un espacio de difusión en  La Torre de Babel…

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INVITACIÓN Y CALENDARIO DE MOVILIZACIONESMOVIMIENTO POR LA DEFENSA DE LA ANTICONCEPCIÓN

¡¡¡INDIGNATE, DIFUNDE, SÚMATE!!!

¡A defender el derecho a decidir sobre nuestra sexualidad!

Como ya es sabido, un grupo de 36 diputados de derecha, respaldados por la Iglesia Católica, presentaron ante el TC un recurso para declarar inconstitucionales las Normas de Regulación de la Fertilidad que el gobierno dictó el 2007, con el propósito de proscribir no sólo la Píldora de Anticoncepción de Emergencia (PAE), sino también la confidencialidad en la consejería sobre anticonceptivos a menores de edad, los Dispositivos Intrauterinos (DIU) como la T de cobre y la mayoría de las píldoras anticonceptivas de uso regular. Esto es, casi la totalidad de los métodos de anticoncepción con que cuentan en la actualidad las mujeres de nuestro país.

Dado el revuelo social que causó esta noticia, el TC se vio obligado a emitir hace unos días un comunicado. En él anunció que había admitido la inconstitucionalidad de la PAE y de todos los anticonceptivos que contienen levonorgestrel, que constituyen la gran mayoría de las pastillas que son entregadas actualmente en los consultorios. Manifestaron además que el fallo se limitaba a prohibir su entrega en el servicio público de salud, quedando por el momento estos fármacos a disposición en las farmacias para quienes puedan pagarlos. Este hecho es de suma gravedad, pues implica un alto costo para las mujeres con menos recursos, las cuales no contarían con los medios para prevenir embarazos no deseados. A los políticos que presentaron este recurso, a la Iglesia Católica y a los miembros del TC parece no importarles el drama de la gran cantidad de adolescentes que quedan embarazadas anualmente, sobre todo en los sectores populares, las que tienen que asumir muy tempranamente la maternidad y en un contexto de precariedad económica. Tampoco les importa la gran cantidad de abortos que se realizan las mujeres en la clandestinidad y en condiciones de insalubridad, corriendo el riesgo de contraer graves infecciones, de perder la vida o de ir presas, puesto que el aborto en Chile está penalizado.

Por lo demás, si todas las evidencias científicas demuestran que la PAE no es abortiva, ¿en base a qué criterios los miembros del TC tomaron la decisión? Este fallo no tiene un carácter técnico, como corresponde a las atribuciones jurídicas de esta entidad, sino que es una decisión política que responde a criterios ideológicos y morales. Es un acto arbitrario y además autoritario, en la medida que pretende imponer la visión de una minoría en materia de sexualidad y reproducción a toda la población, vulnerando nuestro derecho a decidir sobre nuestra sexualidad, sobre la cantidad de hijos que queremos tener y su espaciamiento. Se trata de la decisión de personas –casi todos hombres de extrema derecha- que ni siquiera fueron elegidas democráticamente, sino designadas para velar por la Constitución heredada de la dictadura. Es por ello que rechazamos el fallo del TC y nos levantamos para impugnarlo.

Es en este contexto que el Movimiento por la Defensa de la Anticoncepción hace un llamado a todas y todos a movilizarse frente a este tema y a sumarse a las acciones de repudio que estamos realizando desde la sociedad civil. Como ciudadan@s no podemos aceptar que se vulneren nuestros derechos sexuales y reproductivos y debemos exigir que el Estado garantice los medios que nos permitan tener relaciones sexuales seguras y placenteras, sin correr el riego de un embarazo no deseado. Debemos exigir una sociedad democrática donde se respete el derecho a decidir de las personas acerca de su sexualidad.

¡¡Exijamos sexo seguro sin riesgo de embarazos no deseados, equidad en el acceso a métodos anticonceptivos y una verdadera democracia!!

CALENDARIO DE MOVILIZACIONES

-Miércoles 9 de abril, 12:30 hrs: manifestación frente al Tribunal Constitucional (Mc Iver con Santo Domingo)

-Miércoles 16 de abril, 18:30 hrs: marcha desde Ahumada con Alameda hasta Plaza de Armas. Allí se realizará un acto ciudadano.

-Martes 22 de abril, 19:00 hrs: Jornada de Movilización Nacional. Gran marcha desde Plaza Italia.

-Martes 29 de Abril, 12:30 hrs: acción en repudio a la intervención de la Iglesia Católica en materia de sexualidad y reproducción. Escribir a: pidamoslaexcomunion@gmail.com

Movimiento por la Defensa de la Anticoncepción
http://movimientoanticoncepcion.blogspot.com/

RESCATANDO A BORGES: La Biblioteca de Babel….

De regreso con Jorge Luis Borges… Ese gran maestro de las letras latinas, lo que les traigo a continuación es el texto “La Biblioteca de Babel”; una belleza. Como casi todo en el trabajo de Borges hay mucho mas que leer en sus lineas;hago las recomendaciones del caso, leanse este texto con malicia, sospechen de él, interroguenlo y por supuesto disfrutenlo… era que no.

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LA BIBLIOTECA DE BABEL
Jorge Luis Borges

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito… La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.
Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
El primero: La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.
El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano… Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron… Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.
También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos… Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.
A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.
Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito… En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre – ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! – lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.
Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana – la única – está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

FIN

EMILIANO ZAPATA: A 89 años de tu muerte, aún se alzan tus hijos en armas por su libertad…

Hace muy poco tiempo le dije a una buena amiga Blogger que los heroes “eran hombres sencillos con el coraje de gigantes”. Nada mas cierto que en el caso mexicano; la historia de las luchas de los indigenas de mexico por obtener respeto; ser tratados como seres humanos; con dignidad y justicia, es tan larga como la historia misma de nuestra América morena. Muchos fueron los hijos de mexico, que todo lo dieron por el campesinado. Sus hermanos, los vieron alzar las armas gritando la rebelión de los olvidados, gritando los derechos agrarios largamente expropiados por la codicia latifundista. A sangre y fuego, los indios recorrieron las sierras Morelianas, peleando la sobrevivencia de sus familias, peleando las tierras surianas para la causa agrarista.


Corrido del General Zapata

TIERRA Y LIBERTAD!!!

Escribo hoy estas líneas para recordar a uno de esos gigantes de corazón sencillo y andar pausado; les hablo del General Emiliano Zapata Salasar; de cuyó cobarde asesinato se cumplen hoy 89 años.


El Funeral del General Zapata

Emiliano Zapata murió, victima de una emboscada el 10 de abril de 1919. en la Hacienda de Chinameca, en el estado de Morelos. El Revolucionario y agrarista suriano, cayo en una trampa y fue cruelmente balaceado. Como tantos otros, en otras tantas latitudes del continente; su vida fue sacrificada por la codicia y el odio mas exacerbados. Los agraristas que lo siguieron continuaron luchando, hasta ser muertos ellos también, las tierras fueron nuevamente arrebatadas; y las tribus de indios mexicanos fueron plastadas otra vez. Pero la sombra gigante del General agrarista no pudo ser segada definitivamente. El ejemplo del guerrillero suriano, anduvo desde la sierra de morelos, las montañas de chiapas, hasta la selva Lacandona; y aún hoy, después de 89 años, los indios en México no han olvidado.


los zapatistas de hoy….

Hoy en día, el gobierno federal sigue con la guerra sucia de exterminio, contra los pueblos indigenas, financiando grupos de paramilitares, apoyando los abusos  que se comenten  al amparo del poder de los municipios locales. El crimen contra Zapata vuelve acometerse una y otra vez en las tierras, ahora insurgentes, defendidas por los hijos de Zapata; los hijos de los mismos indigenas, que fueron pisoteados y asesinados inmisericordemente, y que se levantaron en las sierras surianas y siguieron al General Zapata.


Entrada de Villa y Zapata a ciudad de mexico…

Dejo ahora unos  versos de Zapatistas, como leales testigos, del ejemplo y la memoria del Emiliano Zapata… ¡¡Y que vivan para siempre, la Virgencita de Gualdalupe y nuestro querido General.!!

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

CORRIDO DE LA CANCIÓN
DE ZAPATA VIVO

Autor: Gustavo Esteva
Cantan: Pilar Pellicer y Tribu

Porque apenas fue principio
de lo que luego pasó.
Porque hoy lo siguen como antes
los que ayer él levantó.

Porque su lucha prosigue.
Porque nunca terminó.
Porque hoy cada campesino
lo calienta bajo el sol.

Por eso vengo a cantarles
esta nueva novedad:
y es que Zapata está vivo
y ésta es la pura verdad.
– . –

Vengo a cantarles, señores,
una nueva novedad.
Y es que Zapata está vivo,
y ésta es la pura verdad.

Está más vivo que nunca
nuestro líder natural:
está en cada campesino
que hoy lo viene a demostrar.

Está Zapata en las manos
de los que siembran el máis.
Está en la vida de lucha
que nos dio el gran general.

Y está más viva que nunca
su consigna popular,
la que nos une de siempre,
la tierra con libertad.

Conseguimos con su fuerza
una meta nacional:
la tierra es del pueblo todo,
no privada propiedad.

Fue por Zapata, señores,
que hicimos esto legal.
Por su lucha este principio
se hizo constitucional.

Tierra pa’ los campesinos
es la meta principal,
porque sólo ellos, señores,
han de hacerla cosechar.

Que se prefiera a los grupos
sobre el dueño individual;
que se reconozca siempre
el derecho comunal.

Que se les quite la tierra
a los que tienen de más.
Que sólo tengan derecho
los que la han de trabajar.

La tierra es siempre, señores,
nuestra lucha principal.
Pero no basta la tierra
pa’ poderla trabajar.

Viene el crédito y la siembra
y el agua para regar;
viene la técnica y luego
de ayuda algún animal.

Pero no de esos empleados,
que no entienden de sembrar,
y son bien güeyes y mulas
pero no saben jalar.

Queremos yuntas, señores,
o equipos para aumentar
eso que algunos le llaman
buena productividad.

Necesitamos buen precio
a l’ora de ir a comprar,
y que al vender las cosechas
haya garantía legal.

Está Zapata en las manos
de los que siembran el máis.
Está en la vida de lucha
que nos dio el gran general.

Y está más viva que nunca
su consigna popular,
la que nos une de siempre,
la tierra con libertad.

Si se quieren alimentos,
por ellos hay que pagar.
Y que rija en el comercio
un criterio de equidad.

Ya nos cansamos, deveras,
del cacique y su carnal:
del que lo apoya y respalda
desde algún puesto oficial.

Nos cansamos de violencia,
de tanta desigualdad,
de estar trabaje y trabaje
pa’ que otro se lleve el máis.

Si nuestro modo se basa
en el saber popular,
solo con él avanzamos
en justicia y libertad.

Lo que importa es que podamos
toditos participar;
juntos sin estar revueltos
a la ora de organizar.

Que se respeten las formas
de la voz individual,
y que entre todos tomemos
una decisión social.

Así de veras podremos
crecer parejo y legal;
paso a paso llegaremos
a toda modernidad.

Somos el pueblo, señores,
los que hemos hecho este pais.
Los que pusieron la sangre
que otros vienen a chupar.

México es nuestro, de todos,
esta es la pura verdad,
como es que debemos darle
toditita la lealtad.

Ya me despido, señores,
ya es ora de irse a sembrar.
Aquí les dejo la historia

De la nueva novedad:
Y es que Zapata está vivo,
más vivo que nunca está.
Está Zapata en las manos
de los que siembran el máis.

Está en la vida de lucha
que nos dio el gran general.
(Y está más viva que nunca
su consigna popular:)
la que nos une de siempre,
la tierra con libertad.

PHILIP K DICK; “SERVIR AL AMO”: Parte Dos y final…

Y después de mucha demora por mi parte, (por lo que pido a todos las disculpas del caso); acá les dejo la segunda parte de “SERVIR AL AMO”; bello cuento de Philip K Dick, cuya primera parte subí hace algunos días. Y ahora, así sin más… SERVIR AL AMO.

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

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SERVIR AL AMO (parte dos)

– ¿Dónde está? ¡Quiero verlo!

– Voy a hacerlo solo. Usted proporcióneme el material y cubra mi ausencia. Esa es su parte.

Jenkins se debatió en un mar de dudas.

– Si me miente, Applequist…

– No miento – respondió Applequist irritado -. ¿Cuándo tendré la unidad de energía?

– Mañana por la mañana. Tendré que llenar un montón de formularios. ¿Esta seguro de que puede manejarla? Será mejor que le acompañe un equipo de reparaciones. Para asegurarnos…

– Puedo manejarla – le interrumpió Applequist -. Consígame el material. Yo me ocuparé de lo demás.

El sol de la mañana se filtraba entre los desperdicios. Applequist encajó la cápsula nueva, nervioso, enroscó los tornillos, sujetó el forro protector corroído, y se puso en pie, tembloroso. Tiró la cápsula antigua y aguardó.

El robot se movió. Su ojo cobró vida. Movió el brazo sobre su tronco y hombros de forma experimental.

– ¿Todo bien? – preguntó Applequist con voz hueca.

– En apariencia, sí. – La voz del robot era más potente, claro y confiada -. La vieja cápsula estaba agotada. Fue una suerte que pasaras en aquel momento.

– Dices que los hombres vivían en ciudades – atacó Applequist -. ¿Los robots trabajaban?

– Los robots realizaban las tareas rutinarias necesarias para mantener el sistema industrial. Los humanos gozaban de todo el tiempo libre que deseaban. Nos gustaba trabajar para ellos. Era nuestra misión

– ¿Qué pasó? ¿Qué salió mal?

El robot cogió papel y lápiz; mientras hablaba, trazaba cifras.

– Existía un grupo fanático de humanos. Una organización religiosa. Afirmaban que Dios ordenó al hombre ganarse el pan con el sudor de su frente. Querían que los robots desaparecieran y los hombres volvieran a las fábricas, para trabajar como esclavos en tareas rutinarias.

– ¿Por qué?

– Afirmaban que el trabajo ennoblecía el espíritu. – El robot le entregó un papel -. Esto es la lista de lo que quiero. Necesitaré esos materiales y herramientas para reparar mi sistema.

Applequist manoseó el papel.

– Ese grupo religioso…

– Hombres divididos en dos bandos: los Moralistas y los Ociosos. Combatieron entre sí durante años, mientras nosotros nos manteníamos al margen, ignorantes de nuestra suerte. No entendí que los Moralistas se impusieran a la razón y el sentido común, pero fue así.

– ¿Crees…? – empezó Applequist, y luego calló. Apenas se atrevía a verbalizar la idea que corroía su fuero interno -. ¿Existe alguna posibilidad de que vuelvan a existir robots?

– Tus palabras son oscuras. – El robot partió el lápiz en dos y lo tiró -. ¿Qué quieres decir?

– La vida no es agradable en las compañías. Muerte y trabajo duro. Formularios, turnos, períodos de trabajo y órdenes.

– Es vuestro sistema. Yo no soy el responsable.

– ¿Qué recuerdas sobre la construcción de robots? ¿Qué eras tú, antes de la guerra?

– Era un controlador de unidades. Me dirigía a una unidad de fabricación de emergencia cuando mi nave fue derribada. – El robot señaló los restos que le rodeaban -. Eso fue mi nave y mi cargamento.

– ¿Qué es un controlador de unidades?

– Dirigía la fabricación de robots. Diseñé y alenté la producción de tipos básicos de robot.

La cabeza de Applequist daba vueltas.

– Entonces, eres un experto en la construcción de robots.

– Sí. – El robot señaló el papel que Applequist tenía en la mano -. Consigue esos materiales y herramientas lo antes posible. Así estoy completamente indefenso. Debo recuperar mi movilidad. Si alguna nave sobrevolara este lugar…

– La comunicación entre compañías es deficiente. Entrego las cartas a pie. La mayoría de los países están devastados. Podrías trabajar sin que nadie te detectara. ¿Qué me dices de tu unidad de fabricación de emergencia? Tal vez no fue destruida.

El robot cabeceó lentamente.

– Fue ocultada concienzudamente. Existe una ínfima posibilidad. Era pequeña, pero muy bien equipada. Autosuficiente.

– Si consigo piezas de repuesto, ¿podrías…?

– Hablaremos de eso más adelante. – El robot se tendió sobre el suelo -. Cuando vuelvas, seguiremos hablando.

Jenkins le consiguió los materiales y un permiso de veinticuatro horas. Fascinado, se apoyó contra la ladera del barranco mientras el robot desarmaba su cuerpo y sustituía los elementos averiados. Al cabo de pocas horas, el nuevo sistema motor había sido instalado. Colocó las células básicas de las piernas. A mediodía, el robot experimentaba con sus extremidades inferiores.
– Durante la noche pude establecer un débil contacto por radio con la unidad de fabricación de emergencia – explicó el robot -. Continua intacta, según el monitor robot.
– ¿Robot? ¿Quieres decir…?
– Una máquina automática de transmisión. No está viva, como yo. No soy un robot, en un sentido estricto. – Su voz expresó orgullo -. Soy un androide.
Applequist no captó la sutil distinción. Su mente febril examinaba las posibilidades.
– En este caso, podemos seguir adelante. Con tus conocimientos y los materiales disponibles.
– Tu no viste el terror y la destrucción. Los Moralistas nos machacaron sistemáticamente. Eliminaban a los androides de cada ciudad que conquistaban. A medida que los Ociosos retrocedían, los de mi raza eran liquidados sin más. Fuimos separados de nuestras máquinas y destruidos.
– ¡Pero eso fue hace un siglo! Nadie quiere destruir ya a los robots. Necesitamos robots para reconstruir el mundo. Los Moralistas ganaron la guerra y devastaron el mundo.
El robot ajustó su sistema motor hasta lograr la coordinación de sus piernas.
– Su victoria fue una tragedia, pero comprendo la situación mejor que tú. Hemos de proceder con cautela. Si esta vez nos vencen, será para siempre.
Applequist siguió al robot, mientras éste avanzaba con cautela hacia la ladera del barranco.
– El trabajo nos oprime. Esclavos en refugios subterráneos. No podemos seguir así. La gente agradecerá la vuelta de los robots. Te necesitamos. Cuando pienso en lo que debió ser la Edad de Oro, los cimientos y las flores, las hermosas ciudades de la superficie… Ahora sólo hay ruinas y penuria. Los Moralistas ganaron, pero nadie es feliz. Nos encantaría…
– ¿Dónde estamos? ¿Qué lugar es éste?
– Un poco al oeste del Mississippi, a unos cuantos kilómetros. Hemos de conseguir la libertad. No podemos vivir así, trabajando bajo tierra. Si tuviéramos tiempo libre, podríamos investigar los misterios de todo el universo. Encontré algunas viejas cintas científicas. Trabajos teóricos sobre biología. Aquellos hombres trabajaron durante años en tópicos abstractos. Tenían tiempo. Eran libres. Mientras los robots sostenían el sistema económico, aquellos hombres podían dedicarse…
– Durante la guerra – interrumpió el robot con aire pensativo -, los Moralistas situaron pantallas de detección sobre cientos de kilómetros cuadrados. ¿Todavía funcionan?
– No lo sé. Lo dudo. Todo lo que está fuera de los refugios de la compañía ha dejado de funcionar.
El robot se recluyó en sus pensamientos. Había sustituido su ojo averiado por una célula nueva. Ambos ojos brillaban de concentración.
– Esta noche haremos planes con respecto a tu compañía. Te comunicaré mi decisión en ese momento. Entretanto, no hables de la situación a nadie, ¿entiendes? Lo que me preocupa ahora es el sistema de carreteras.
– La mayoría de carreteras están en ruinas – Applequist intentó contener su entusiasmo -. Estoy convencido de que casi todos los miembros de mi compañía son Ociosos. Tal vez algunos peces gordos sean Moralistas. Algunos supervisores, en todo caso, pero las clases bajas y las familias…
– Muy bien – interrumpió el robot -. Nos ocuparemos de eso más tarde. – Miró a su alrededor -. Utilizaré parte del equipo averiado. Funcionará. De momento, al menos.
Applequist consiguió esquivar a Jenkins. Atravesó a toda prisa el nivel de organización y se encaminó a su puesto de trabajo. Su mente era un torbellino. Todo lo que le rodeaba se le antojaba vago poco convincente. Los supervisores pendencieros. Las máquinas ruidosas. Los funcionarios y burócratas de poca monta que corrían de un lado a otro con mensajes e informes. Cogió un puñado de cartas y empezó a distribuirlas mecánicamente.
– Has estado fuera – observó con ironía el director Laws -. ¿Alguna chica? Si se casó con alguien ajeno a la compañía, perderá la poca categoría que tiene.
Applequist apartó las cartas.
– Quiero hablar con usted, director.
El director Laws meneó la cabeza.
– Vaya con cuidado. Ya conoce las ordenanzas que rigen para el personal de cuarta categoría. Es mejor no hacer más preguntas. Concentre su mente en el trabajo y déjenos a nosotros las cuestiones teóricas.
– Director – preguntó Applequist -, ¿a quién apoyaba nuestra compañía, a los Moralistas o a los Ociosos?
Laws fingió no entender la pregunta.
– ¿Qué quiere decir? – Sacudió la cabeza -. No conozco esas palabras.
– En la guerra. ¿de qué lado estábamos?
– ¡Santo Dios! – exclamó Laws -. Del lado humano, por supuesto. – Una cortina impenetrable cayó sobre su rostro rotundo -. ¿Qué quiere decir «moralista»? ¿De qué me está hablando?
Applequist empezó a sudar de repente. Apenas le salía la voz.
– Algo no cuadra, director. La guerra fue entre dos grupos de humano. Los Moralistas destruyeron a los robots porque desaprobaban que los humanos se entregaran al ocio.
– La guerra se libró entre hombres y robots – replicó Laws – Nosotros ganamos. Destruimos a los robots.
– ¡Pero si trabajaban para nosotros!
– Fueron construidos para trabajar, pero se rebelaron. Poseían una filosofía. Seres superiores: androides. Nos consideraban simple ganado.
Applequist temblaba de pies a cabeza.
– Pero aquél me dijo…
– Nos masacraron. Millones de humanos murieron antes de que les paráramos los pies. Asesinaron, mintieron, se escondieron, robaron, hicieron cualquier cosa con tal de sobrevivir. Eran ellos o nosotros; no hubo cuartel. – Laws agarró a Applequist por el cuello de la camisa -. ¡Maldito idiota! ¿Qué ha hecho? ¡Contésteme! ¿Qué ha hecho?
El sol se puso mientras el vehículo blindado se detenía en el borde del barranco. Las tropas bajaron por la ladera. Laws saltó entre los primeros, seguido de Applequist.
– ¿Es aquí? – preguntó Laws.
– Sí, pero ha desaparecido – tartamudeó Applequist.
– Por supuesto. Ya se había reparado. Nada le retenía aquí. – Laws hizo una señal a sus hombres -. Es inútil proseguir la búsqueda. Entierren una bomba A táctica y larguémonos. Es posible que la fuerza aérea lo localice. Rociaremos esto zona con gas radiactivo.
Applequist se acercó al borde del barranco, atontado. Abajo, entre las sombras, distinguió las malas hierbas y los escombros. No se veía al robot por parte alguna, naturalmente. Sólo trozos de cable y partes del cuerpo desechadas. La vieja cápsula de energía seguía donde la había tirado. Algunas herramientas. Nada más.
– Vámonos – ordenó Laws a sus hombres -. Tenemos mucho que hacer. Hay que poner en marcha el sistema de alarma general.
Las tropas empezaron a escalar el barranco. Applequist se encaminó hacia el vehículo.
– No – dijo Laws -. Usted no vendrá con nosotros.
Applequist vio la expresión de sus rostros: miedo, terror, odio. Intentó escapar, pero le apresaron casi al instante. Procedieron en silencio, inexorablemente. Cuando terminaron, apartaron de una patada sus restos casi vivos y subieron al vehículo. Cerraron las puertas y el motor rugió. El vehículo subió por la senda hasta la carretera. Al cabo de pocos momentos, desapareció de vista.
Estaba solo, con una bomba semienterrada y las sombras. Y la inmensa oscuridad lo abarcaba todo.

FIN

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