No hay, en realidad, nada seguro en esta vida.  Y con el surrealismo tampoco (aúnque Bretón lo haya hechado del movimiento, para mí, Artaud sigue siendo surrealista) Estos poemas huelen a indigenísmo ancestral; huelen a ritualidad, naturaleza y comunión. Que me oigan los grandes espíritus de la Tierra. Los milenarios  guardianes de nuestra Madre, los eternos, los que siempre… los que en el pasado han sido como sombras que se mueven en las selvas del Orinoco; los que, aún hoy, son los mas fieles hijos de la tierra y que el dia de mañana serán, los que resurgiran de entre las cenizas del orgullo de aquellos que, saliendo del vientre de la  misma madre ; la escupieron a la cara, la mutilaron y  renegaron de su herencia. 

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora.  

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 Tutuguri – La Ceremonia del Sol Negro 

Muy abajo, al borde de la pendiente amarga,
crudamente desesperada del corazón,
se despliega el círculo de las seis cruces
abajo, muy abajo
como acoplado a la tierra madre,
desacoplado del inmundo abrazo de la madre que babea,

el único lugar húmedo
en este hueco de roca
es la tierra de carbón negro.
La ceremonia consiste en que el nuevo sol,
antes de que se desintegre en el agujero de la tierra,
atraviese siete puntos.

Hay seis soles y un hombre
por cada sol
y un séptimo hombre
de carne roja y vestido de negro
que es el sol
iracundo.

El séptimo hombre
es un caballo,
un caballo acompañado por un hombre.

Pero el caballo
no es el hombre,
es el sol.

Al ritmo lacerante de un tambor y de una trompeta larga,
rara,
los seis hombres
que estaban tumbados,
enmarañados al ras de la tierra
se abren uno a uno como
girasoles
no soles
sino tierras que ruedan,
camalotes en el agua,
y cada brote
se alinea con el gong cada vez más umbrío
y refrenado
del tambor
hasta que intempestivo, se ve arribar a fuerte galope,
con una rapidez de vértigo,
al último sol,
al primer hombre,
al caballo negro y en su lomo
un hombre desnudo,
totalmente desnudo
y casto.
(sobre su lomo)

Después de saltar, avanzan dibujando recodos circulares
y el caballo de carne sangrante pierde la razón
y gira sin parar
en la cúspide de su risco
hasta que los seis hombres
terminan de cercar
las seis cruces.

La tensión más alta de la ceremonia es justamente

LA ABOLICIÓN DE LA CRUZ

Cuando terminan de dar vueltas
Extirpan las cruces de la tierra
y el hombre desnudo
a lomo del caballo
enarbola una enorme herradura
bañada en la sangre de una cuchillada.

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