Estoy leyendo  “Incesto”; los diarios de Anaïs Nin, en los que cuenta su experiencias y visión de las relaciones que tuvo, tanto con Henry Miller, como con la esposa de este June Miller.

La prosa es brillante, intensa, poderosa. Hay visiones violentas; relaciones destrozadas, experiencias de deseo, obesión, pasión, sexo, vida. Percepciones saturadas. Ansiedad, placer, delirio. Preguntas circulares. Una mujer se enamora de un hombre, estando casada con otro. Se deja seducir por la esposa de ese hombre, ama a ambos pero solo se deja poseer por uno de ellos. Mientras  tanto, ama y desprecia; desea y es deseada,  escribe, se psicoanaliza. Nace y muere, crea y destruye, se dice y desdice cuando se entrega, desea, cuando es poseída. Intensidad. Una  mujer que se levanta de la vida, escribe,  se inflama, decae. Agonía, sensualidad post-mortem. Soy libre, creativa, madura , ingenua, viril, lésbica, heterogenea. Degradación, pasión y muerte, letras, letras  y más letras. Una pluma corre frenética contra el papel en Louvicinnes. Los pies del hombre rozan sus rodillas, la boca de ella le marca los nudillos. Sexo,  cigarrillos y  James Joyce. Una mujer seduce a un hombre, se destruye para entregarse, y renace de la entrega para  ser libre.

  Una mujer… esa mujer… Anaïs…Anaïs…Anaïs

Soy Focvs

Y la Mverte no es vna Metáfora

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