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La Torre de Babel: El Poder de las Palabras…

El lugar donde las palabras tuvieron poder por primera vez…

mes

marzo 2007

A la Memoria sobreviviente…(esto no es una análisis politico)

Hace años que en este día se recuerda a los que murieron… Ciertamente, en este país ha muerto mucha gente. ¿Entonces que? es solo una fecha de tantas en las que “los infiltrados” de siempre dejan una de las tantas cagás de siempre; yo creo que no, esto no se trata “de ellos”, nunca se trató “de ellos”. Esto siempre fué sobre nosotros. Nosotros que, de mejor o peor manera, aceptamos una derrota que nadie había considerado. Nosotros, que enfrentados a la realidad del acuerdo político; no tuvimos ni la craridad, ni la fuerza para influir en un cambio que se había gestado a puertas cerradas en otras parte y sin consultarnos. Nosotros, que fuimos usados y desechados cuando ya no fuimos útiles; y que fuímos sacrificados cuando el acuerdo así lo requirió. Nosotros, que fuímos la moneda de cambio con que se pagó la vuelta a la democracia.

Nosotros, que fuímos traicionados miserable pero eficazmente, por algunos que resolvieron con el “pragmatismo politico” como referencia, mas que con el ideario. Nsotros a los que se les vendio un sueño, lleno de ideología y poesía revolucionaria, se los mando a la guerra y se los abandono a su suerte cuando “las condiciones fueron adecuadas”. Todos esto es sobre nosotros, los que apesar de todo, sobrevivimos; continuamos, e incluso algunos (los mas espero) prosperamos, haciendonos una vida, con la que poder hacernos un lugar y encontrarle una continuidad a los sueños, destruidos; por la cobardía, la felonía y la traición.

Todo esto es sobre nosotros. Es sobre nuestra memoria, la memoria de nuestros amigos, hermanos, compañeros que murieron, luchando junto a nosotros. Y es nuestro deber para con ellos, el guardar y salvaguardar su memoria, no podemos olvidarlos. Todos pueden olvidarlos menos no nosotros, es nuestro deber acordarnos de ellos, recordar por que lucharon y porque murieron. Esto no se trata de piedras mas o incendiarias menos; nunca se ha tratado de eso. La capucha, la piedra y la bomba, son solo lo que queda, de una lucha perdida, un sueño olvidado, una memoria rota.

Por ellos, recordaremos, enseñaremos su recuerdo y su memoria, cultivaremos los sueños por los que murireron; al menos eso les debemos, por eso, este día es de ellos… de nuestros muertos.

una foto “de época”

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

CRONICA POR UN HOMBRE QUE PUEDE MORIR…

Estoy de vuelta; de vuelta en mi ciudad, obsesiva, neurótica, contaminada; de vuelta en mis obsesiones, a mi hiperactividad, a mi rutina diaria, a mi conectividad; de vuelta a mi vida en banda ancha y smog capitalino. de vuelta a mis obligaciones y reponsabilidades, de vuelta a la vida de un hombre eternamente perplejo.

En el mundo la muerte aún galopa enloquecida. En los cielos y en la tierra, los hombres son asesinados o mueren anónimos por codicia, orgullo o poder, en medio de una danza de sangre y violencia injustificable. 15 personas secuestradas en Etiopía, 90 muertos cerca de Kerbala en Irak en sendos atentados suicidas, 5.500 hombres marchan a la guerra en Afganistan como parte de una ofensiva contra la guerrilla Talibán mientras tanto, en palestina, aún hoy, los hijos, de los hijos, de los hijos de antiguos martires, se preparan para morir en una venganza interminable.

Y esto no se acaba… en la provincia de Helmad en una frontera afgana, un hombre fue secuestrado por la guerrilla Talibán. En medio de operaciones conjuntas entre la OTAN y el Ejercito Afgano que los persiguen con 5.500 soldados; estos hombres secuetran a un corresponsal italiano, “PARA SABER SI ES UN ESPÍA” en un conflicto que parece muy improbable que puedan ganar. Este hombre, es Daniele Mastrogiacomo periodista italiano del diario ‘La Repubblica’; y puede que muera en medio de las cruentas acciones que se desataran entre ambos bandos…

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Este hombre va a morir, de no mediar ayuda alguna, va amorir. En un desierto olvidado de la mano de Dios, lejos de su familia y de los que ama, sin siquiera la promesa de una sepultura decente. No lo olviden, este hombre esta noche dormira con las manos amarradas a la espalda, con una pistola sobre la cabeza, y pensando que mañana puede ser su ultimo dia y morir.

Estoy de vuelta en mi ciudad; en el mundo, la muerte cabalga enloquecida con su hoja curva ensangrentada. Tal vez, sea el momento de darnos cuenta de que el apocalipsis ha llegado si avisar.

Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora

De regreso a la cuidad; de regreso con Barthes…

Regresé…. por fin he podido sentarme con la mente clara frente al teclado del computador; de mis vacaciones hay mucho que mostar (preparo un fotoblog al respecto) por ahora les dejo unas palabras del Maestro… Roland Barthes, ootr de sus ensayos.

Soy Focvs

Y La mverte no es vna Metáfora

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EL ESCRITOR EN VACACIONES

Gide leía a Bossuet mientras bajaba por el Congo. Esa postura resume bastante
bien el ideal de nuestros escritores “en vacaciones”, fotografiados por Le Fígaro: juntar al placer banal el prestigio de una vocación que nada puede detener ni degradar.
Una buena nota periodística, muy eficaz desde el punto de vista sociológico y que
nos informa sin ocultamientos sobre la idea que nuestra burguesía se hace de sus
escritores.

Lo que parece sorprender y encantar a esta burguesía, ante todo, es su propia
amplitud de espíritu para reconocer que también los escritores son gentes que
comúnmente se toman vacaciones. Las “vacaciones” son un hecho social reciente
cuyo desarrollo mitológico, por otra parte, sería interesante indagar. Escolares en un comienzo, a partir de las licencias pagadas se han vuelto un hecho proletario, o al menos laboral. Afirmar que, en adelante, ese hecho puede concernir a los escritores, que también los especialistas del alma humana están sometidos a la situación general del trabajo contemporáneo, es una manera de convencer a nuestros lectores

burgueses de que están adecuados a su tiempo: uno se enorgullece de reconocer la necesidad de ciertos prosaísmos, uno se acomoda a las realidades “modernas” con las lecciones de Siegfried y de Fourastié.

Por supuesto, esa proletarización del escritor es acordada con parsimonia y
para, posteriormente, destruirla mejor. Ni bien se provee de un atributo social (las vacaciones constituyen un atributo y bien agradable, por cierto) el hombre de letras regresa al empíreo que comparte con los profesionales de la vocación. Y la “naturalidad” en la que se eterniza a nuestros novelistas, en realidad se instituye para traducir una contradicción sublime: una condición prosaica producida, desgraciadamente, por una época muy materialista, frente al lugar prestigioso que la sociedad burguesa concede con liberalidad a sus hombres de espíritu (siempre que sean inofensivos).

La prueba de la maravillosa singularidad del escritor es que durante esas tan
comentadas vacaciones, que comparte fraternalmente con obreros y dependientes, no deja de trabajar, o al menos no deja de producir. Falso trabajador, también es un falso vacacionista. Uno escribe sus recuerdos, otro corrige pruebas, el tercero prepara su próximo libro. Y el que no hace nada lo confiesa como una conducta auténticamente paradojal, una hazaña de vanguardia, que sólo un espíritu fuerte puede permitirse mostrar. Con esta última baladronada, se hace conocer que es absolutamente “natural” que el escritor escriba siempre, en cualquier situación. En primer lugar, esto reduce la producción literaria a una suerte de secreción involuntaria, por lo tanto tabú, pues escapa a los determinismos humanos; para hablar más noblemente, el
escritor es víctima de un dios interior que habla en todo momento sin inquietarse, tirano, por las vacaciones de su médium. Los escritores están de vacaciones, pero su musa vela y da a luz sin interrupción.

La segunda ventaja de esta verborrea es que, por su carácter imperativo,
aparece —con toda naturalidad— como la esencia misma del escritor. Él acepta sin duda que está provisto de una existencia humana, de una vieja casa de campo, de una familia, de un short, de una hijita, etc., pero contrariamente a los otros trabajadores que cambian de esencia y en la playa no son más que veraneantes, el escritor conserva en todas partes su naturaleza de escritor; al tener vacaciones, muestra el signo de su humanidad; pero el dios permanece, se es escritor como Luis XIV era rey, inclusive en el inodoro. De este modo, la función del hombre de letras es a los trabajos humanos, casi lo que la ambrosía es al pan: una sustancia milagrosa, eterna, que condesciende a la forma social para que se lo capte mejor en su prestigiosa diferencia. Todo esto introduce a la idea de un escritor superhombre, de una especie de ser diferente que la sociedad exhibe para gozar mejor de la singularidad ficticia que ella le concede.

La imagen sencilla de “el escritor en vacaciones”, pues, no es nada más que una
de esas mistificaciones retorcidas que la buena sociedad opera para sojuzgar mejor a sus escritores: nada muestra mejor la singularidad de una “vocación” que contradecirla -—pero no negarla, ni mucho menos— con el prosaísmo de su
encarnación: es un viejo recurso de todas las hagiografías. También se puede
observar cómo el mito de las “vacaciones literarias” se extiende muy lejos, mucho más allá del verano; las técnicas del periodismo contemporáneo se dedican cada vez más a ofrecer un espectáculo prosaico del escritor. Pero sería un grave error tomar este hecho como un esfuerzo de desmistificación. Es todo lo contrario. Sin duda, a mí, simple lector, puede parecerme conmovedor y hasta sentirme halagado por participar, gracias a la confidencia, de la vida cotidiana de una raza seleccionada por el genio; sin duda sentiría deliciosamente fraternal a una humanidad en la que sé, por los diarios, que un gran escritor usa pijamas azules y que un joven novelista gusta de “las chicas bonitas, el queso reblochon y la miel de lavanda”. Pero esto no impide que el saldo de la operación sea que el escritor se vuelva un poco más estrella, que abandone un poco más esta tierra por una morada celeste donde sus pijamas y sus quesos no le impiden, de ninguna manera, retomar el uso de su noble palabra demiúrgica.

Proveer públicamente al escritor de un cuerpo bien carnal, revelar que le gusta
el blanco seco y el biftec jugoso, es volver para mi aún más milagrosos, de esencia más divina, los productos de su arte. Los detalles de su vida cotidiana, en vez de hacer más próxima y más clara la naturaleza de su inspiración, confirman la singularidad mítica de su condición: sólo puedo atribuir a una superhumanidad la existencia de seres tan vastos como para usar pijamas azules en el mismo momento en que se manifiestan como conciencia universal o, más aún, declarar el gusto por los reblochon con la misma voz con la que anuncian su próxima Fenomenología del Ego.

La alianza espectacular de tanta nobleza y de tanta futilidad significa que aún
creemos en la contradicción: milagrosa en su totalidad, también es milagroso cada uno de sus términos. Esa alianza perdería todo interés, sin duda, en un mundo donde el trabajo del escritor estuviese desacralizado hasta parecer tan natural como sus funciones vestimentarias o gustativas.

Roland Barthes.

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