Hay en Borges, una mano veloz, ávida y parturienta.
Una mano empecinada;
aferrada de manera empecinada a la pluma aún humeda, sobre el papel.
La mano viaja rasgando el vertigo del blanco inmaculado que la rodea.
Y Borges comienza a escribir.
Hay una latencia, un breve momento, un instante contenido,
cuando la mano que sostiene la pluma pende, como un jucio, sobre la hoja,
ese momento, ese instante… es LA ESPERA.
Soy Focvs
Y la Mverte no es vna Metáfora
LA ESPERA
JORGE LUIS BORGES
El [...]
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